Mientras la cúpula de la juventud K da explicaciones en Tribunales, referentes planean ir al exterior para denunciar “el lawfare”, como Mayra Mendoza con Putin. Legisladores viajeros y recursos previstos ante tribunales internacionales ante posibles condenas de la líder. Twitter, folletos, relato y G20.

 

Al calor del avance judicial contra Cristina Kirchner, sus seguidores y militantes del nuevo frente político y electoral que se viene, con Unidad Ciudadana como basamento, enarbolan una nueva épica: la ex presidenta es víctima del lawfare -en inglés, guerra jurídica- por lo que llevarán sus reclamos a tribunales internacionales, como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, y también intentarán visibilizar la supuesta persecución en la cumbre de mandatarios del G20 prevista para principios de diciembre.

En el kirchnerismo observan que las denuncias judiciales contra Cristina se deben a que encabezó durante 8 años un proceso nacional y popular que devolvió derechos al pueblo y ahora es víctima del imperialismo que persigue a líderes populares de América Latina, una épica con tufillo setentista; una época en la que los movimientos por la liberación nacional y el socialismo querían ganar el poder en la región.

La causa de los denominados “cuadernos de la corrupción” nuevamente puso bajo la lupa al gobierno que comenzó Néstor Kirchner en 2003. De hecho, este miércoles el juez federal Claudio Bonadio indagó a dirigentes de La Cámpora como Eduardo “Wado” De Pedro y José Ottavis -ambos presentaron escritos, al mejor estilo CFK- en tanto que el jueves será el turno de Andrés “Cuervo” Larroque, por el presunto pago de sobornos, en el marco de la causa devenida de las anotaciones del chofer Oscar Centeno.

En el expediente se investiga si algunos de los bolsos con dinero que registró el chofer de Roberto Baratta, y que supuestamente recaudaban los funcionarios de Planificación Federal, tenían como destino financiar campañas electorales del Frente para la Victoria en 2015. En este contexto, la estrategia del kirchnerismo es denunciar en el exterior lo que consideran un atropello contra la actual senadora.

Quien dio el puntapié inicial fue la diputada Mayra Mendoza, que de visita en San Petersburgo en ocasión del Foro Euroasiático de Mujeres, entregó al presidente ruso Vladímir Putin un folleto en el que denuncia la supuesta persecución a CFK. En una  entrevista a la agencia rusa Sputnik, explicó que el propósito de la sorpresiva acción fue “denunciar que estamos viviendo la falta de estado de derecho en Argentina” y que se intenta proscribir a la ex mandataria de las elecciones presidenciales de 2019. En diálogo con #BORDER, la dirigente quilmeña -y figura aún relevante del camporismo- recordó que “tuve una entrevista con la agencia Sputnik y quedé en contacto con personas del gobierno de esa potencia euroasiática. La diputada recibió cuestionamientos por recurrir a Putin, cuestionado por la violación de derechos humanos en un país donde la persecución política termina en crímenes de opositores nunca resueltos.

Desde el Instituto Patria trascendió que esta estrategia sería replicada durante la realización de la cumbre del G20, a la que asistirán líderes como Donald Trump, Angela Merkel o Emmanuel Macron. “Para el G20 no pensamos nada aún, pero con la situación que se vive en Argentina serán varios los sectores que querrán manifestarse, indicó.

En este sentido, Mendoza aseguró que la nueva bandera de resistencia K “no está coordinada, pero daremos visibilidad del lawfare en Argentina y en todos los ámbitos que podamos. Quienes ocupan cargos legislativos llevarían la voz cantante en sus viajes de cualquier índole laboral por el mundo.

mayra mendoza folleto putin

Por su parte, un estrecho colaborador de la ex mandataria coincidió en que van a denunciar la persecución judicial en cada foro internacional en el que participen y se guardan un as bajo la manga: si continúa la escalada judicial y se llegara a una condena, habilitar una denuncia en tribunales internacionales, esto es, en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. “Cristina tiene 5 procesamientos en contra y ninguna prueba que avale ningún delito”, sentenció.

En el Patria coquetean con una futura candidatura presidencial de la viuda de Kirchner porque “es la dirigente del PJ que mejor ranquea en las encuestas, tiene apoyo de intendentes del Conurbano, de gobernadores con los que antes no dialogaba (por Alberto Rodríguez Sáa) o dirigentes como Juan Grabois que tampoco estaban cerca”.

El jueves 20 de septiembre Cristina utilizó su perfil de Twitter para agradecer a las bancadas de izquierda del Parlamento Europeo “por su pronunciamiento contra la persecución política, judicial y mediática en América Latina”.

“Condenamos la ofensiva imperialista en América Latina y la persecución política, judicial y mediática y las campañas de criminalización que sufren distintos líderes progresistas, como sean el compañero Lula da Silva, Rafael Correa o Cristina Kirchner, con el objetivo de su impedimento a candidatearse a las elecciones presidenciales”, rezaba el comunicado de las legisladoras reunidas en las Comisiones Parlamentarias Permanentes de EUROLAT.

Esta movida incluso provocó un entredicho a través de Twitter entre el presidente boliviano Evo Morales, que denunció el “hostigamiento judicial” contra Cristina, y el canciller argentino Jorge Faurie que remarcó que “en Argentina rige el pleno Estado de Derecho y todos somos iguales ante la ley. Existe división republicana de poderes y un sistema democrático basado en instituciones sólidas”.

Para la dirigente del kirchnerismo porteño Delfina Rossi, hija del precandidato Agustín Rossi, es importante que “el mundo conozca los casos de lawfare en Argentina y Brasil”, al hacer también referencia a la detención de Lula da Silva.

Mientras la cúpula de La Cámpora debe dar explicaciones en tribunales, el kirchnerismo se alínea para instalar la idea de persecución. En los ‘70, las denuncias de argentinos en el exterior contra las atrocidades de la dictadura militar fueron un símbolo de época. La Cámpora se apasiona con las remakes, aunque se lean como sátiras.