Me encontré preguntándome por qué crecía la demanda de consultas psicológicas en estos últimos tiempos. Y no pude evitar relacionarla con los factores socioambientales actuales. Son tiempos turbulentos, donde crece la incertidumbre, la irritabilidad y las respuestas violentas. Las familias se sientes amenazadas a perder su estabilidad o ya la han perdido. Estamos atravesando un “contexto de estrés” en donde están bajo amenaza factores centrales de estabilidad tales como la seguridad, la salud, la vivienda, la alimentación, la educación, solo por nombrar algunos. Este contexto se profundiza en las poblaciones con bajos recursos económicos pero se extiende a la comunidad entera. Se lo ha descripto por el reconocido sociólogo Leonard Pearlin como una “tensión en perspectiva” en donde amenazas vitales llevan a vivir el día a día con tensión sostenida mientras intentamos mantener una homeostasis. Esto lleva a un estado de alerta crónico que se manifiesta en forma de estrés y cuando se extiende en el tiempo se entra en una etapa de agotamiento que puede tener resultados negativos tales como depresión, ansiedad, abuso de sustancias y enfermedades somáticas. Incluso hay evidencia que el estrés crónico puede afectar también nuestros genes, activando o desactivándolos en el momento inadecuado; forzándolos a construir redes neuronales anormales.

¿Cómo actúa el estrés?

Bajo circunstancias ideales el estrés es un factor protector que actúa en respuesta a algún estresor circunstancial. Por ejemplo, si estoy cruzando la calle e intempestivamente una moto avanza y evalúo que puede atropellarme tendré que responder rápidamente para proteger mi integridad física. Entonces se elevarán mis niveles de adrenalina en sangre, aumentará mi ritmo cardíaco, se interrumpirá mi digestión y se hiperactivará mi sistema inmunológico para dar una respuesta del tipo “ataque o fuga”. Luego del evento se volverá a la homeostasis inicial. Pero el cuerpo humano no viene equipado para manejar un sistema nervioso simpático activado de forma crónica lo cual pone al individuo en riesgo de desarrollar patrones estables de mayor reactividad y agresión, aumento de la presión arterial y de hormonas tales como el cortisol. Entones percibimos que la carga es mayor que nuestra capacidad de resistencia y que las amenazas superan nuestros recursos. Cuando en una familia los adultos, que debieran ser los capitanes del barco, perciben que las tormentas son demasiado intensas y que no podrán enfrentarlas o las enfrentan violenta e impulsivamente, los marineros (los niños) perciben una alta vulnerabilidad, desorientación, desorganización, miedo, abandono… y generalmente el modo en que se manifiesta es mediante síntomas.

¿Cómo impacta el estrés familiar en los niños?

La forma de manifestarlo puede ser de lo más variada conforme a cada individuo. Se deberá tener en cuenta la etapa evolutiva del niño, la duración de los síntomas (frecuencia) y la intensidad.

-Manifestaciones somáticas tales como dolores de cabeza, panza, mareos.

-Llanto, irritabilidad o enojo persistentes.

-Alteraciones del sueño o de la alimentación.

-Berrinches, irritabilidad.

-Reacciones impulsivas.

– Falta de concentración/dispersión cognitiva.

-Hiperactividad/excitabilidad excesiva.

– Excesivo miedo, preocupación y ansiedad en referencia a la separación de las figuras de apego o la pérdida de seguridad.

-Conductas sobreadaptativas (por ejemplo querer ocupar roles adultos)

“No podemos cambiar el mundo pero sí nuestros pensamientos hacia él”

Lopez Rosetti

La pregunta que cabe hacernos no es únicamente ¿Qué podemos cambiar de nuestro contexto? Seguramente muchas de las cosas que querríamos cambiar no están a nuestro alcance hacerlo ya que no dependen de nosotros únicamente. Más bien ayuda preguntarnos ¿Qué hace que algunas familias y algunos niños sean más vulnerables que otros a las crisis y al estrés y cómo podemos generar recursos para protegerlos?

Desde esta perspectiva se pone el foco en aquellos factores protectores para potenciar en las familias y los niños un mejor afrontamiento ante situaciones adversas. Las investigaciones indican que un antídoto es favorecer en los niños un sentido de auto-valoración y de que no está todo perdido. Aquellos niños que han atravesado situaciones ambientales amenazantes de la mano de alguien que los hizo sentir especiales e importantes y que tienen potencial para afrontar las adversidades lograron atravesarlas fortalecidos. En un estudio muy interesante realizado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Fiszbein, Giovagnoli y Aduriz) a raíz de la crisis del 2001 de Argentina, se estudiaron las estrategias de supervivencia de las familias. Se evaluaron las estrategias adaptativas y las estrategias vinculadas con redes sociales como recursos que favorecen un mayor nivel de bienestar al momento de afrontar la crisis. Los resultados arrojaron que la asistencia informal de amigos y familia resultó muy significativa, con lo cual contar con redes sociales de apoyo es un factor protector. Existe evidencia de que los niños que perciben un alto nivel de apoyo de sus padres son más adaptativos y que se reducen los efectos negativos de los estresores sobre su salud. La percepción de parte de los niños de que sus padres les proveen apoyo aumenta su autoestima, su sentido de integración social, la percepción de control y la efectividad de sus afrontamientos (Sandler, Wolchick, MacKinnon,Ayers, & Roosa, 1997).

¿Cómo encarar las crisis contextuales y verlas como una oportunidad para desarrollar habilidades?

Aquí van algunas sugerencias:

Los chicos tienen un alto nivel perceptivo. No trates de ocultarle las dificultades que atravesás ni de esconder sentimientos de preocupación. Seguramente ya los percibió. Tampoco sobrecargues a tu hijo con información que no va a poder procesar. Nuestros hijos pueden acompañarnos y colaborar. Según la edad pueden tomar responsabilidades referidas a las tareas de la casa y desarrollar habilidades de flexibilidad, adaptación a los cambios y manejo de las ansiedades.

No hay nada más aliviador que saber que el “capitán” hace una adecuada evaluación de la tormenta y que tiene un plan para afrontarla. Imaginate si lo escucharas decir “Acá no pasa nada” o por el contrario si lo vieras descontrolado gritando, echándole la culpa al clima, a los marineros, al fabricante del barco… Vos sólo querrías que te tranquilizara y te indicara los pasos a seguir. Que te diera seguridad de que van a accionar sobre el problema y cuentan con los recursos para afrontar el temporal. Lo mismo sienten los niños y adolescentes.

Intentá fortalecer el vínculo con ellos. Esto les dará alivio y seguridad. Valoralo y confiá en sus recursos.

“Siempre que llovió paró”. Transmitile tu experiencia frente a otros momentos difíciles y cómo la has sobrellevado con esfuerzo y persistencia. Que nuestra mirada sea esperanzadora. Valorá las fortalezas y recursos socioemocionales que tienen como familia.

Que los problemas no inunden nuestro ser. Son una parte pero no lo son todo. Seguramente hay mucho de qué enorgullecerse, agradecer, festejar… buscá aquellas pequeñas cosas que les devuelva el bienestar como familia.

Hacé vida en familia y con amigos al aire libre, caminar, anden en bici o realicen cualquier otro deporte que disfruten. Se generarán endorfinas (hormonas del bienestar) y así se contrarrestarán los efectos del cortisol (hormona del estrés).

Practicá algún tipo de técnica de respiración. Está comprobado que baja los niveles de estrés.

Limitá los tiempos frente a las pantallas. Aumentan el estrés.

Sostenete en las redes sociales de apoyo: familia, amigos, vecinos, centro religioso, el club.

Y recordá que siempre estás a tiempo de buscar asesoramiento profesional y que se puede estar mejor.

Recursos:

-El Hospital Central de San Isidro ofrece un programa gratuito de manejo del estrés. https://serviciodemedicinadelestres.com.ar/promes/

– Cuento de afrontamiento: “Vacio” de Anna Llenas.

https://www.youtube.com/watch?v=bBVF3iZsyL4

-Animación de resolución de problemas y flexibilidad cognitiva: “El Puente”

https://www.youtube.com/watch?v=LAOICItn3MM