La educación tradicional ofrece un modelo estático de enseñanza. Alumnos sentados en un banco absorbiendo información y un docente, al frente de la clase, exponiendo el conocimiento. Pero, el avance de las neurociencias ha demostrado que, en estos tiempos de gran estimulación para los niños, dicho sistema está agotado.
Es por eso que, tanto en la Argentina como en el mundo, ya es sabida la necesidad de un cambio de paradigma educativo que modifique los viejos roles dentro del aula. Los maestros que, en lugar de dar clases magistrales, se transformen en guías del alumno para despertar su curiosidad y motivación. Y que, a su vez, los estudiantes efectúen el proceso de aprendizaje a través de la experimentación, el análisis y la creación.

En esta línea de pensamiento, la ONG Hacer Lazos promueve en nuestro país una herramienta innovadora que promete revolucionar el aprendizaje en la Argentina. Se trata de los programas Tekman, que nacieron en el Colegio Montserrat de Barcelona, de la mano de Nazaret Global Education y su referente mundial en innovación educativa Montserrat Del Pozo.

Este es un método de enseñanza inclusivo para potenciar las habilidades de los chicos y fomentar un aprendizaje de calidad. Se basa en la certeza de que cada alumno es inteligente y que, de las oportunidades que se le ofrezcan, va a depender el desarrollo de sus inteligencias múltiples.

Hacer Lazos, presidida por la Licenciada María Eugenia Di Tullio, se especializa en inclusión e innovación educativa y capacita a docentes en esta nueva forma de pensar la educación. Desde el año pasado, ya entrena a más de 520 directivos y docentes de más de 100 escuelas privadas y estatales de la zona norte de Capital y Gran Buenos Aires con la metodología de Nazaret Global Education.

Y, el próximo 4 de julio, Hacer Lazos presentará en sociedad los programas Tekman que ya se utilizan exitosamente en más de 1.000 colegios de todo el mundo. Bajo el lema «365 vueltas a la Educación» se realizará un desayuno, a partir de las 9, en Espacio Márquez, Hipódromo de San Isidro. 

Con este sistema de aprendizaje personalizado se trabaja en los tres niveles de la escuela (inicial, primaria y secundaria) sobre tres áreas específicas: matemática, lengua y ajedrez, que son la columna vertebral del aprendizaje. En matemática se busca que el alumno aprenda desde el placer y con implicancias prácticas en su vida, mientras que en la lectoescritura se fomenta el proceso creativo, la oralidad y la comprensión lectora. El ajedrez trae aparejado el desarrollo del pensamiento lógico y fomenta valores y habilidades sociales.

«Por nuestro trabajo diario en Hacer Lazos conocemos muy de cerca lo que pasa en las escuelas: a todos los niños se los trata por igual. Nos dimos cuenta que se necesitaba un cambio para que cada alumno pueda crecer a su ritmo», explica Di Tullio a BorderPeriodismo. Y aclara: «Este método alcanza a todos los alumnos ya que potencia sus capacidades y los hace más felices».

Una de las grandes novedades de este sistema es que trabaja la inteligencia emocional de los niños, un aspecto habitualmente olvidado en las escuelas en las que se prioriza sólo la cuestión académica. De esta manera, se les enseña a identificar las emociones propias y ajenas, desarrollando la autoestima y la empatía.

Esta es una herramienta fundamental para sobrevivir en un mundo cargado de complejos desafíos que no sólo son cognitivos.

Se sabe que los niños tienen un potencial neurológico ilimitado, según los últimos estudios realizados por las neurociencias. Por eso es fundamental aprovechar la plasticidad cerebral desde los primeros pasos en la escolaridad, es decir, en el nivel inicial. Y siempre con una mirada puesta en la experiencia práctica dentro del aula, tomando los intereses que los chicos ya traen incorporados como punto de partida para lograr resultados más eficientes y sostenidos en el tiempo.

«Los chicos aprenden mediante el juego y dando lugar a la creatividad, y esto les permitirá en el futuro hacer frente a situaciones impensadas en una sociedad muy cambiante», asegura Di Tullio.

Otro de los aspectos que se tiene en cuenta es el trabajo cooperativo entre los estudiantes como una forma sistemática de vinculación con el otro. De más está decir cómo esto repercute en el desarrollo personal y social de los niños.

Para enfrentar los desafíos de un mundo tan complejo en información, tecnología y cambios vertiginosos, las aulas no pueden quedarse atrás, ancladas a procesos pensados en el siglo XIX, sino que deben adecuarse a desafíos 4.0.