Hay habilidades que los niños aprenden sin que nadie se las enseñe. Ningún chico va a la escuela a estudiar «cómo ser alumno» o a que le expliquen el modo de entender un chiste. Ni tampoco, algo más básico todavía, a saber que si alguien pone cara de enojado es porque está enojado. Son capacidades cognitivas que se van desarrollando a medida que los chicos crecen, sin que un adulto deba tomarse el trabajo de puntualizarlas.

Sin embargo, las personas con la Condición del Espectro Autista (CEA) encuentran importantes desafíos en estas habilidades sociales. Esto se conoce como Teoría de la Mente, es decir, la capacidad de atribuir mente, comprender que los otros tienen emociones, deseos, creencias, intenciones. Es el entendimiento del lenguaje verbal y no verbal, con el que adquieren sentido la ironía, la metáfora, el chiste o la picardía.

Un ejemplo sencillo. Si una persona mientras uno le habla se pone a mirar el celular, inmediatamente podemos inferir que tiene algo más importante que hacer en lugar de escucharnos y actuamos en consecuencia.

Muchas personas con autismo no logran diferenciar estos matices. Tienden a ser literales. Y al presentar dificultades para manejar el dinamismo y la flexibilidad de las relaciones sociales quedan afuera del entorno porque no entienden sus códigos, no captan toda la información que circula en el ambiente y eso los deja descolocados.

«Pensá en chicos de 13 o 14 años -explica el Doctor en Psicología Daniel Valdez-. Si son más ingenuos, menos pícaros o no entienden las bromas están en desventaja en relación a sus pares. No porque necesariamente vayan a burlarse de ellos, que puede pasar, sino porque quedan afuera de la complicidad».

A éstos niños hay que explicarles lo que para otros son «obviedades», que ellos no lograron aprender naturalmente y que tienen que ver con ciertas habilidades sociales. Por ejemplo, el caso de un chico que se ponía agresivo cuando sus compañeros hacían chistes en el aula porque pensaba que se reían de él. «Tuvo que aprender que los demás podían hacer chistes y que eso no significaba que se rieran de él. Entender esto fue un paso muy importante», cuenta Valdez.

Los chicos necesitan apoyos externos específicos para decodificar estas situaciones cotidianas que, si no lo hacen, pueden dar lugar a malos entendidos. Un alumno levanta la mano en el aula si quiere ir al baño. Lo aprendió con los usos y costumbres de la escuela. Sin embargo, a un niño con autismo se lo puede catalogar como un chico desobediente porque se retira sin pedir permiso. «Tenía ganas de hacer pis», explica él con naturalidad. En su caso, hay que explicitarle entonces las normas de cortesía. «Son cosas que quizás ellos las hacen con transparencia y honestidad pero con poca diplomacia y es muy importante trabajarlas porque si no traen problemas», dice Valdez. Y en ese caso somos los adultos quienes fallamos y solemos malinterpretar a las personas con autismo y lo que es peor, juzgarlas.

Los chicos con Asperger pueden tener un lenguaje correcto y una inteligencia lógico matemática desarrollada, pero dificultades en la inteligencia emocional y no poder distinguir entre el significado literal de los mensajes y su intencionalidad que es lo que, básicamente, se pone en juego con la ironía.

«Pensando que la corteza cerebral es un músculo, esto se puede trabajar en áreas. Sabiendo que todo músculo es ejercitable, se puede ejercitar Teoría de la Mente con cosas que, quizás, para el resto de los chicos sean obvias», asegura el neurólogo infantil Claudio Waisburg. Y agrega: «Si no sabés decodificar si la persona que está enfrente está contenta o enojada, hay un problema. El tono de voz implica que hay algo más allá de lo que me está diciendo y esos son códigos que cuanto más grandes son los chicos, mucho más de manifiesto se ponen cuando hay falta de decodificación».

Una situación que puede pasar desapercibida para muchos padres: mostrar que la dirección de la mirada es indicadora de un deseo. O, ya en una versión más sofisticada, en Gran Bretaña se enseña a los jóvenes con autismo a través de una biblioteca de emociones complejas escenificadas por actores.

 

 

 

 

 

«Todo se puede lograr pero requiere de práctica. Ellos tienen que usar la razón para aprender cosas que los otros niños hacen instintivamente y eso les puede hacer perder la espontaneidad y la inmediatez, a veces tienen un delay, pero si lo practican sale muy bien», afirma la psiquiatra infanto-juvenil Alexia Rattazzi.

Valdez coincide en que a las personas con autismo «hay que enseñarles de manera explícita muchas de estas competencias. Por eso muchas veces los programas resultan poco naturales o artificiales pero son necesarios».

Un niño pequeño puede saber que si su mamá sonríe está contenta. Comprender emociones, atribuir deseos o creencias, entender chistes e ironías, identificar metidas de pata. Son todas adquisiones del desarrollo típico infantil y comienzan temprano en las prácticas de crianza familiares. Forman parte del desarrollo de la inteligencia social. «Lo que se enseña es el pensamiento social«, agrega Rattazzi.

«Los estudios demuestran que cuando una persona recibe pautas y apoyos explícitos puede sentirse bien en la escuela, seguir adelante, romper barreras. Si no hiciéramos esto en nivel inicial y primaria, sería imposible que esos chicos avancen», dice Valdez.

La recomendación terapéutica es que la Teoría de la Mente se trabaje también fuera del consultorio, en el contexto social que se produce: la plaza, el colegio, el club. Finaliza Valdez: «Estas competencias no son todo-nada. Se construyen. Cuando digo apoyos adecuados me refiero a distintos niveles que van desde el bebé que señala para mostrar algo al adulto que comprende chistes o ironías”.

El desarrollo de la Teoría de la Mente favorece la inclusión social. Pero es importante no caer en un paradigma “normalizador” sino en brindar oportunidades y apoyos para que todas las personas puedan partipar en las actividades de su comunidad. No para que los chicos con autismo hagan todo lo que hace el resto, sino para que logren un intercambio social funcional que los haga sentir parte.