La pérdida de poder del gobierno, luego del resultado de las PASO cuyo escrutinio definitivo conocido esta semana estiró la ventaja de Alberto Fernández a 17 puntos, se evidencia en el día a día. Este viernes el presidente de Swiss Medical Group y accionista del grupo América, Claudio Belocopitt, disparó contra el Ejecutivo por las medidas adoptadas para extender los plazos de vencimiento de deuda: sostuvo que el “reperfilamiento es una palabra nueva que inventaron para no decir que se la chorearon». Hasta hace unos meses se lo veía desfilar por el Salón de Bustos de Casa Rosada al igual que Marcos Galperín, CEO de MercadoLibre, uno de los primeros ejecutivos en peregrinar hacia las oficinas de calle México del candidato presidencial del Frente de Todos.

Varios funcionarios de gobierno nacional comenzaron a postularse a otros empleos y hasta la propia gobernadora María Eugenia Vidal ya pidió a allegados que la ayuden a buscar un departamento en Capital Federal: con la posibilidad cierta de perder la reelección frente a Axel Kicillof, deberá abandonar su morada en la Base de la Fuerza Aérea de Morón. “Algo va a tener que buscar. Vendió la casa de Castelar”, que compartía con su ex esposo, el intendente de Morón, Ramiro Tagliaferro, y sus 3 hijas.

La dirigente que en 2015 encabezó la hazaña de desarmar el poderoso clan de los varones del Conurbano Bonaerense se transformará, ahora, en otra rareza: la de ser una funcionaria que deja el poder con un patrimonio similar al que tenia cuando ingresó.

En la historia bonaerense no hay un Illia al que los historiadores recuerden rápidamente por su austeridad. Pero dos nombres aparecen cuando intentan pensar en quién fue el gobernador que terminó su mandato más pobre. Uno es el militar Domingo Mercante, quien gobernó entre 1946 y 1952, fue un importante aliado de Perón, dejó una enorme cantidad de obras de infraestructura en la Provincia y terminó pobre y perseguido políticamente, con denuncias sobre deslealtad y corrupción de imposible comprobación. El otro es el médico Oscar Alende (Unión Cívica Radical Intransigente). Gobernó entre 1958 y 1962, y es recordado como un político austero.

“Las sospechas de corrupción se hicieron más asiduas recién a partir de los gobiernos de Cafiero y Duhalde, y continuaron hasta la actualidad como un manto de sospecha permanente”, explica a BorderPeriodismo el historiador Andrés Stagnaro. El investigador sostiene que “varios gobernadores murieron pobres por haber sido perseguidos” y en la lista de los que no se enriquecieron, que encabezan Mercante y Alende, suma a Anselmo Marini (UCR del Pueblo) que gobernó entre el ‘63 y el ‘66; y a Oscar Bidegain (un dirigente de la izquierda peronista que llegó a la Gobernación en 1973, junto a Cámpora en la Nación).

Plan B

Mientras tanto, la campaña electoral para una victoria que sólo aparece como una quimera se hace cuesta arriba. En Provincia apuestan a una lógica diferente: lograr conservar algunos de los municipios que en las PASO perdieron para un posible armado a futuro de una nueva fuerza política en la que estén Vidal y Horacio Rodríguez Larreta.

El jefe de gabinete bonaerense, Federico Salvai, dijo esta semana que “cada voto cuenta, hay mucha gente que no fue a votar, hay mucha qué hay que convencer y hay mucha que sí nos votó y espera una respuesta de parte de nosotros y por ellos vamos a trabajar. Las elecciones se ganan o se pierden, pero hay valores que representa María Eugenia y todo este equipo que tenemos que militar toda la vida”.

Es que más allá de los puestos ejecutivos, el macrismo se juega su supervivencia como principal fuerza parlamentaria en un eventual gobierno peronista tanto en la Legislatura provincial como en el Congreso. «Lo más difícil de diciembre va a ser mantener el interbloque de Cambiemos en Diputados», admitió un legislador que trasuntó los pasillos de Casa Rosada esta convulsionada semana.

Semana de furia

En el plano nacional, en tanto, no sólo los empresarios comenzaron a acordar con el equipo de Alberto Fernández cómo sería la convivencia en un eventual gobierno: dos días después de que el Episcopado se reuniera con el presidente, La Pastoral Social, que conduce el obispo Jorge Lugones, le reclamó al gobierno que declare la “emergencia alimentaria”, casualmente una de las demandas de las organizaciones sociales que el lunes pasado coparon las calles del centro porteño. “Es un obispo peronista. Pero no sólo está operando, está preocupado por la crisis”, dijo una fuente cercana a la Curia.

Luego de la marcha de apoyo al gobierno del último sábado que bendijo Mauricio Macri desde el balcón del primer piso del palacio de gobierno, se endureció el discurso opositor y en el gobierno consideran que están contra la espada y la pared para hacer campaña a partir del 7 de septiembre, cuando formalmente arranca la carrera proselitista rumbo a las elecciones generales del 27 de octubre.

“Sacamos la cabeza y nos tiran con todo, como los comentarios que dieron luego de la reunión con el FMI por el supuesto vacío de poder”, confió una fuente gubernamental consultada.

Lo cierto es que el tembladeral económico y financiero ha debilitado al gobierno. Ya no parecería sólo incertidumbre en los mercados: hay una desconfianza total. Pese a los anuncios de extender los plazos de deuda para tener más poder de fuego para controlar al dólar, este viernes el Banco Central gastó casi 400 millones de dólares e igual la divisa subió a $61. El riesgo país superó los 2500 puntos.

El viernes se conoció una resolución del organismo monetario que obliga a los bancos a pedirle permiso a la institución antes de girar dólares al exterior. Las versiones sobre un nuevo «corralito» a la venta de divisas han circulado con el paso de las horas. «Se habla de tocar la plata de los ahorristas. Va a ser un fin de semana complicado», dijo un legislador del oficialismo consultado.

Es que crece el temor que se vacíen las reservas del BCRA antes del 10 de diciembre, cuando termine el mandato de Mauricio Macri, con este nivel de operaciones. Incluso el senador Julio Cobos lo blanqueó: si no funcionaran las medidas adoptadas por el ministro de Hacienda, Hernán Lacunza, el Ejecutivo debería implementar un “control de cambios”. Mauricio Macri se niega a llevar a cabo esa medida. Pero también en su momento negó las retenciones a las exportaciones o el achicamiento del gabinete. A lo único que no cedió es a entregar el puesto de Marcos Peña. Con menos poder, sigue al frente de la campaña del presidente: el resto de los distritos tendrán autonomía para cada actividad proselitista.