En septiembre pasado, cuando María Eugenia Vidal ya había digerido el desfavorable resultado de las PASO y vislumbraba un octubre para el olvido, empezó a pensar en la transición y la invadió un miedo: quedar como la endeudadora de la provincia. En su equipo, repetían entonces que no le preocupaba tanto el estado de las cuentas (que quedarán ordenadas y con menos deuda de la que dejó Daniel Scioli, según repiten) si no el relato que Axel Kicillof pudiera construir sobre su gestión una vez que asumiera y se enfrentara a los vencimientos en dólares de la deuda de casi US$12 millones que contrajo en su gestión. “Le preocupa si va a poder caminar por la calle tranquila”, era el mensaje.

Dos meses después, Vidal parece relajada. Sonríe durante el primer encuentro con Kicillof en su oficina de la Gobernación en La Plata. Pasaron sólo cuatro días desde que su sucesor se subió al escenario del búnker del Frente de Todos para decir que la provincia de Buenos Aires es “tierra arrasada”. Pero la Gobernadora está tranquila porque, según aseguran fuentes de su equipo a Border, dejará la plata para pagar dos meses de sueldos a los trabajadores estatales y el aguinaldo de fin de año. Y así evitar un escándalo en plena transición.

Su plan es retirarse de la mejor manera posible para encarar la tarea que la mantendrá concentrada durante 2020: la construcción de un espacio propio. En su último cierre de campaña, ya dio muestras de esa intención al decorar el Club Platense de Vicente López con carteles rojos que decían “Ahora María Eugenia” y gorras oficiales donde la “V” de Vidal estaba reemplazada por un emoji con los dedos en “V” del peronismo.

Justamente en Vicente López parece que tendrá la mayor disputa por el liderazgo de la oposición bonaerense. Allí gobierna Jorge Macri, el primo al que el presidente recibió en Casa Rosada horas después de la elección del 27 de octubre y poco antes de lanzar una resonante frase tras una reunión de intendentes de Juntos por el Cambio: “Este es un espacio donde no hay una gobernadora que nos represente a todos”.

Jueves de gritos y transición

El mismo día que Jorge Macri apuntó contra Vidal, Kicillof subió las escaleras de la Gobernación bonaerense envuelto en gritos. “Devolvenos la dignidad”, se escuchó decir a una trabajadora del edificio de Gobierno, mientras un grupo de empleados rodeaba al economista, le pedía selfies, lo aplaudía y cantaba “Vamos a volver”. Con la mano extendida para un saludo formal, el secretario general de Gobierno, Fabián Perechodnik, esperaba que el gobernador electo se desocupara.

Una vez en la oficina de la gobernadora, Kicillof le pidió que retrotraiga el aumento del 25% en la tarifa eléctrica estipulado para enero y que no tome decisiones que afecten el inicio de su mandato. “Fue un encuentro cordial”, dijo el gobernador a la salida de la reunión, que duró dos horas e incluyó la simbólica llegada a la Gobernación del Renault Clío, bautizado como “Kicimóvil”, con el que hizo campaña por la provincia.

El auto ingresó a la residencia oficial mientras Vidal y Kicillof ultimaban los detalles de la transición que continuarán sus equipos. Fue su dueño y chofer, Carlos Bianco, quien atravesó el portón negro de la Gobernación al volante del “Kicimóvil”, a la espera de la salida de su jefe político. Y es el multifacético Bianco también, quien llevará el pulso de la transición con Federico Salvai, jefe de Gabinete de Vidal.

Según pudo saber BORDER, la primera reunión entre Salvai y Bianco será el próximo martes, a solas. En ese encuentro, el funcionario que fue jefe de campaña de Vidal le entregará a su posible sucesor en el cargo un manual con el historial de todas las áreas y acciones del Gobierno durante los cuatro años.

La transición continuará luego con la incorporación del resto de los elegidos por ambos bandos. Por el lado de Vidal, se sumarán el ministro de Economía, Damián Bonari (quien reemplazó a Hernán Lacunza) y el subsecretario de Coordinación de la Gestión, Emmanuel Ferrario. Por el lado de Kicillof, estarán el ex secretario de Comercio Augusto Costa; el rector de la Universidad de José C. Paz, Federico Thea, y la politóloga especialista en Educación, Agustina Vila.

La deuda de la discordia

Un informe reciente del Ministerio de Economía bonaerense indicó que la deuda de la provincia era de US$11.924 millones al 30 de junio de 2019. Para Vidal, se trata de una cifra “similar” a la que dejó Daniel Scioli cuando ella asumió, pero Kicillof considera que “duplicó la deuda externa” que él deberá pagar.

La deuda en dólares es el tema central de la transición y en el que los enviados de Kicillof (con el economista Bianco a la cabeza) pondrán mayor atención. A esta preocupación, se suman las tarifas por las que Kicillof ya pidió, el Presupuesto que deberá aprobar la Legislatura a fin de año y un reperfilamiento de deuda con el Banco Provincia que surgió en los últimos días. Se trata de un bono de $4.200 millones que Gobernación debía pagarle al banco y que postergó para 2020.

Para Gustavo Marangoni, ex titular del Banco Provincia durante la gestión sciolista, ese reperfilamiento “es el reconocimiento de que la provincia está estresada financieramente”. Pero a su entender, esa deuda en pesos y con el Banco del cual el propio Estado es accionista no es tan importante como “la deuda en dólares con acreedores externos”.

“La Provincia tiene un vencimiento importante de deuda, de aproximadamente US$280 millones, que tiene que pagar los primeros días de enero y eso va a generar algún tipo de necesidad de hablar entre Provincia y Nación”, agrega a BORDER Marangoni, para quien es imposible que Kicillof pueda solucionar ese compromiso en soledad. Más allá de los nombres propios, el ex funcionario sostiene que por las características estructurales de la provincia (“es el 40% de la economía nacional pero recibe entre el 7 y 20% de coparticipación”), hay “un estrés financiero que no depende de las características de un gobernador”.

Desde Juntos por el Cambio, el diputado bonaerense Marcelo Daletto explica por qué Vidal deja una deuda menor a la que heredó de Scioli: “María Eugenia tomó la provincia con una deuda de $122.000 millones extra Estado, más $60.000 intra Estado, lo que da un total de $182 mil millones, que divididos el 31 de diciembre de 2015 con el dólar a $13, te da una deuda de US$14.000 millones”.

En otras palabras: para el vidalismo, Scioli dejó deuda sin registrar y por eso los números no son favorables para la gobernadora. “Gran parte de la deuda que tomó Maria Eugenia fue para pagar deuda”, agrega a BORDER Daletto, quien preside la comisión de Presupuesto de la Cámara de Diputados.

Así y todo, hay quienes admiten que la gestión de Vidal “cometió un grave error”. Una fuente económica del Gobierno que pide reservar su identidad, explica a BORDER que “el problema fue que la deuda era 70% en pesos y 30% en dólares, y pasó a estar al revés: 70% en dólares y 30% en pesos. Al estar dolarizados los intereses, se fueron por las nubes”.

La misma fuente analiza que Vidal “administró bien la provincia hasta 2019”, cuando al pequeño déficit que tenía se le agregaron los gastos de los subsidios de transporte y energía que transfirió la Nación, los sueldos se dispararon por las cláusulas gatillo y cayó la recaudación por la crisis económica. “Kicillof no va a poder hacer medidas populistas como decía en campaña, y como tampoco va a poder aumentarle el salario a los docentes, su excusa va a ser la ‘tierra arrasada’ que dejó Vidal”, concluye para alimentar el mayor miedo de Vidal.