“Si la leyenda se convierte en realidad, imprime la leyenda”. La famosa frase de la película de 1962 El hombre que mató a Liberty Balance, dirigida por el genial John Ford, siempre es rescatada al momento de hablar de la vida pública de algún famoso. Y Luis Alberto Spinetta es una de las personas que cumple con ambos ítems en relación a su obra y a su vida. ¿O acaso no hay gente que todavía cree que es verdad que “El anillo del capitán Beto”, una de sus canciones más emblemáticas, está dedicada a Norberto Alonso, dado la conocida simpatía del Flaco por River Plate? ¿O que “Afazata del tren fantasma” habla en clave de la figura de la ex presidente María Estela Martínez de Perón? Dos afirmaciones que son mentira pero que el paso del tiempo insiste tanto en desmentir como reafirmar. La eterna batalla del ying versus el yang.

Ruido de magia, de Sergio Marchi, autor con anterioridad de sendas biografías de Charly García y Pappo Napolitano, es el tercer libro que analiza vida y obra de Spinetta. Antes estuvieron Crónicas e iluminaciones de Eduardo Berti y Martropía de Juan Carlos Diez. Esos dos volúmenes contaron con la colaboración plena de Luis Alberto, mientras que el de Marchi es el primero publicado post mortem. Y si bien aparecen innumerables charlas que el periodista tuvo con el músico, también posee la bendición de la familia Spinetta, más que nada de Patricia Salazar, su primera esposa, que le permitió acceder a documentación y testimonios únicos. Esta venia es la que hace que Ruido de magia sea una biografía autorizada del Flaco. Y, como toda biografía autorizada, es una historia que tiene verdades, que alimenta ciertas leyendas, que posee revelaciones y que omite ciertas cuestiones. Pero mejor vayamos punto por punto.

En cuanto a las verdades, Marchi reconoce de entrada el trabajo previo de Berti y Diez, y se propone ir más allá, más allá de que lo consiga o no. Por lo tanto, los “spinettologos”, o todos los que hayan leído los volúmenes previos sobre el Flaco, se encontraran con historias que ya conocían, en algunos casos ampliadas por la ventaja que da el tiempo, en otros confirmadas, pero siempre abordadas con respeto y cariño. Una de esas cuestiones es el humor de Spinetta, algo que sólo con asistir a uno de sus conciertos se percibía. Lo mismo aplica, en reversa, a su carácter, con posiciones irreductibles para cualquier cosa que no se adhiera a sus parámetros morales.

Entre las leyendas, la de la génesis del show de las Bandas Eternas (el concierto en Velez Sarsfield en donde Spinetta repasó durante casi seis horas toda su trayectoria con la reunión de Almendra, Pescado Rabioso e Invisible) es la que tenemos que creer. Los supuestos problemas económicos de Luis Alberto se dan la mano con la afirmación de su hija Catarina de que estaba bien de salud, con todos sus amigos vivos, y que era el momento para hacerlo. La especulación de que fue una despedida anticipada o una suerte de regalo de Spinetta a sus fans porque era consciente de su cáncer de pulmón queda en, precisamente, esa especulación. Según los testimonios que aparecen en el libro, Spinetta se entera con posterioridad al show de su enfermedad. Otro mito hermoso es el de la famosa negativa de Luis Alberto de tocar “Muchacha (Ojos de papel)” ante el pedido del público, salvo que se tratase de su mamá Julia o de su hija Vera (el único hombre que pudo vencer esa negativa fue Juan Alberto Badía). “Y, sí me lo pide la nena…”, dijo el Flaco con su voz aflautada en tono a lo Alberto Olmedo en un show en el que la menor de sus criaturas le pidió su canción más conocida. Y sí, la versión fue hermosa.

Hay dos revelaciones que los fans más irreductibles desconocían. Una es la relacionada al viaje que Spinetta hace a Europa en 1970, post separación de Almendra y grabación de Spinettalandia y sus amigos, su primer disco solista. Un Spinetta que, junto a Pomo (baterista de Invisible), termina casi mendigando en París y pidiéndole a sus padres que le envíen el pasaje de vuelta a Buenos Aires. También, la letra de “Castillo de piedra” de Pappo, grabada por Spinetta en ese primer álbum, con ese verso que dice “A ver con cual nos quedamos, tenemos que decidir…”, en función al affaire que ambos al mismo tiempo tenían con dos chicas orientales. Y la otra es toda la historia, desde su nacimiento hasta su final, del mediático romance que Luis Alberto tuvo con Carolina Peleritti, de la que no se adelantará nada aquí por miedo a la maldición del spoiler.

Por último, hay tres ausencias que conspiran para que el relato posea el concepto de definitivo. La primera es la del fotógrafo Eduardo “Dylan” Martí, el mejor amigo de Spinetta, el papá de Emmanuel Horvilleur, el tipo que desde mediados de los 70 manejó el arte de las portadas de todos sus discos y le sacó todas las fotos de prensa oficiales. La segunda es la de Edelmiro Molinari, guitarrista de Almendra, que termina marcado como el vértice por el cual el grupo no siguió unido tras el recital de las Bandas Eternas. La tercera es Mercedes Fernández, la última novia del Flaco. Sólo Marchi y la familia Spinetta conocen las razones de estas ausencias. Pero no mencionarlas en una reseña de un libro que se autoproclama como la biografía oficial es negar una parte de una historia que merece ser contada en su totalidad. Porque así como se da cuenta de los celos y las pocas pulgas que tenía Luis Alberto Spinetta, bien se puede mencionar que “La flor de Santo Tomé” estaba dedicada a Mercedes. Y mucho más cuando esta información era de dominio público. Pero ya, salgamos de ese fango. Mejor, como dijo el poeta, “que siga la melodía”.