‘Pibonexia’ es un término que fue inventado por la humorista catalana Susi Caramelo. Surge a partir de un monólogo en el que explica que tiene este trastorno, incluso menciona que es el primer caso en España. 

La ‘pibonexia’ es la idea que se crean las personas en las redes sociales buscando verse reflejados en una imagen que se aleja de la realidad. Para entender la ‘pibonexia’ hay que saber qué es un pibón. Así se le dice coloquialmente en España a una persona que resulta «muy atractiva», según la definición de la RAE.

 

 

De acuerdo con Susi, quien se declara como la primera persona del mundo en ser «autodiagnosticada», este trastorno se ve todos los días en las fotos de Instagram, porque las redes sociales se convirtieron en el blanco perfecto de la vanidad y el narcisismo, con usuarios que se exponen excesivamente con imágenes que los ubica dentro de los “cánones de belleza” que presentan las redes sociales, se muestran seguros de sí mismos, aunque se trate de pura ilusión. Pura espuma, dirían las abuelas.

Lo de Caramelo es una ironía, pero la teoría de la catalana tiene ribetes lacanianos. Cómo distorsionan las redes sociales, qué se muestra y qué construcción hacemos de nuestro propio perfil.

Uno de los mejores ejemplos para exponer la ‘pibonexia’ es el Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, cuando compartió en su cuenta de Instagram un montaje que lo mostraba con el cuerpo de Rocky Balboa, el mítico personajes interpretado por Sylvester Stallone. También las famosas Kim Kardashian y Kendall Jenner cuando alteran de una forma descarada sus fotos.

El Presidente Donald Trump compartió este montaje en su cuenta de Instragram.

Para Marcelo Cetkovich, Director científico de la Asociación Argentina de Psiquiatría y Director de Psiquiatría de Ineco y de la Fundación Favaloro, “existe evidencia de que en muchos casos el uso de las redes sociales afecta la autoestima”. 

“Nuestra identidad está determinada por la cantidad de ‘Likes’ que tienen los posteos en las diversas plataformas”, afirma el profesional a #BORDER.

Carlos Spontón, Director del Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 coincide en que el uso excesivo de las redes sociales “tiene efectos en la autoestima”, aunque distingue que “dependen de la fragilidad de la autoestima de quien use esas redes”. 

“Ser admirado da tranquilidad y aumenta el ego. Por ello, un like es tranquilizador. La persona siente que ‘alguien lo mira’ y si recibe muchos likes, siente que ‘muchos lo miran’, por lo tanto: ‘soy admirado’. ‘Si soy admirado, es porque soy admirable’. A partir de ahí, aparece la tranquilidad. El problema es que en personas con déficits de autoestima esta tranquilidad dura poco. Necesita el siguiente like para volver a experimentarla. Siente ansiedad y luego alivio”, expone Spontón.

Para el Dr. Cetkovich “cada vez que una persona postea una foto, o una historia, o un hilo no solo está queriendo compartir una experiencia, sino que está poniendo a prueba su aceptación social”. 

Ahora bien, qué pasa cuando cada vez que queremos mostrarnos al mundo de las redes sociales lo hacemos a través de filtros que distorsionan nuestro verdadero aspecto. 

“En general una persona ‘proyecta’ su personalidad en las redes. Las redes operan como espacio para mostrar la personalidad, no como una causa de problemas”, defiende Sportón. 

Kin Kardashian, una de las famosas con mayor cantidad de seguidores y de uso de filtros en Instagram.

Y explica: “La distorsión de la imagen puede ir de un leve retoque, maquillaje o elección sólo de imágenes donde ‘salimos bien’ al otro extremo donde se postean o agregan imágenes falsas, o con mucho photoshop, o con filtros excesivos”, evalúa Spontón como un mecanismo “común, sano y divertido”.

Para Cetkovich, “distorsionamos nuestra imagen en las redes porque buscamos que nos vean como realmente quisiéramos ser, eligiendo rasgos o condiciones atractivos: belleza, riqueza, poder”.

En cuanto a su valoración en el uso de filtros, asegura: “No sé si están mal, pero creo que sería bueno que la gente supiera que no es saludable para su autoestima distorsionar su imagen”.

Y amplía: “Pareciera que las redes favorecen conductas de distorsión del esquema corporal, como sujetos que intervienen su imágen para ‘parecerse a’. En casos extremos, puede configurar un trastorno”.

Para Spontón en cambio, “lo bueno o malo de los filtros es el uso que hagamos de ellos”. 

“En este contexto, los filtros usados para suavizar, retocar, mejorar un poco, son aceptados socialmente. Otros filtros pueden ser usados con intención de tapar, engañar, ilusionar con una imagen no real”, explica. 

Incluso, hace algunas semanas Instagram anunció que planea eliminar todos los filtros de realidad aumentada que representan o promueven la cirugía estética, que hacen que las personas se vean como si se hubieran puesto inyecciones en los labios, rellenos o se hubieran hecho un estiramiento facial.

Según estudios de la Universidad Siglo XXI, los mayores de 18 años en Argentina padecen de: tecnoestrés, tecnofobia, tecnoadicción, phubbing y pérdida de productividad y procrastinación, relacionado al uso de redes y celulares en el trabajo. 

Sportón propone: “La palabra clave aquí es regulación. No se puede prohibir el uso de redes sociales, pero se puede regularlos. Por ejemplo: horarios, tipo de redes, uso en reuniones sociales según protocolo, uso en espacios aúlicos y de aprendizaje”.

Y reflexiona: “No hemos evolucionado emocionalmente a la par de las nuevas tecnologías. Por ello tenemos que aprender mucho sobre el uso de las redes”. 

Las herramientas están al alcance de la mano para todos los que tengan un smartphone, pero una cosa es tenerlo y otra es saber utilizarlo con consciencia y evitando caer en la ‘Pibonexia’, que puede sonar divertido pero puede afectar nuestra percepción sobre nuestros cuerpos y nuestra autoestima.