Lucila Vidal, profesora de discapacitados mentales y sociales y especialista en trastornos del neurodesarrollo y Sabrina Corsi, licenciada en psicopedagogía y también especialista en neurodesarrollo, respondieron a Borderperiodismo algunas de estas dudas.

Durante el receso de verano, los padres se relajan, desaparecen las estructuras y los chicos se sienten libres de hacer lo que quieren. Es un momento necesario para aflojar las exigencias que aparecieron durante todo el año, sobre todo en niños con TEA que tienen una sobrecarga extra con sus tratamientos. Familias y chicos se encuentran estresados y un alto en las tareas siempre es aconsejable.

Sin embargo, el retorno a esas arduas rutinas, a los hábitos que se adquirieron durante todo un año y que para los niños con TEA son tan necesarios ya que los organiza y les da seguridad, también tiene sus complicaciones.

“Yo he notado retrocesos. Pero no es que los chicos no vayan a volver a adquirir la habilidad que habían tenido. Sucede que se deja de practicar. Y, como estos niños tienen dificultades en la transferencia de conceptos, no es que se pierde pero hay que volver a la rutina para recuperarla”, explica Vidal.

La especialista, asesora de la Fundación Brincar, aclara que “no es como volver a empezar de cero”, aunque admite que cuesta porque en tiempo de vacaciones los padres son más humanos, no les exigen tanto, los dejan dormir más”.

Para los niños con TEA, el tema de los límites es un verdadero desafío. Vidal aclara: “Si uno en las vacaciones les deja hacer algo que no está pautado, después hay que volver a enseñar. Tiene que haber límites, hay que anticipar mucho y manejar bien la ansiedad, que es lo que a ellos los desorganiza mucho. Deben recibir ayudas para ver qué esperamos nosotros de ellos. Tenemos que ofrecerles ambientes con estabilidad y seguridad”.

Siempre que se vuelve a una rutina puede haber desajustes en lo conductual, en el sueño, en la comida, en sostener los focos o en que los niños puedan mantenerse sentados durante la actividad. A las terapeutas, a veces, les cuesta que los chicos cumplan las órdenes que les dan para ir avanzando en los tratamientos. La clave, entonces, radica en la paciencia y en la destreza del profesional para ir superando esos obstáculos. “Por ejemplo, le digo: ´Sentate´ y no logro que se siente, o ‘Agarrá el lápiz’, y lo tira. Entonces, yo tengo que ser consistente en ayudarlo a entender que esto es una secuencia de aprendizaje, es decir, yo te digo qué hay que hacer y te voy a ayudar. Pero no puedo dejar mil ventanitas abiertas sin que el chiquito las cumpla porque eso le hace mal”, explica Vidal.

Otro de los factores que siempre incide es la baja tolerancia a los cambios debido a la rigidez en la conducta. Esto implica que a los niños con TEA les cueste la incorporación de nuevas personas a sus vidas, el cambio de lugares, hábitos y juguetes nuevos. Y de nuevo la palabra mágica: anticipar. Lo que más sirve es material visual que los organice. La imagen siempre queda.

Sabrina Corsi coincide en que retomar las rutinas de las terapias es difícil. “Están todos re alterados. Les cuesta, sobre todo a los que tienen un nivel cognitivo muy bajito –indica la especialista-. En el verano tienen menos estructura. Entonces, después les cuesta mucho respetar cuando alguien les pide algo, cuando tienen que esperar un turno o responder a cierta indicación. Se resisten”.

Corsi considera que el tiempo prudencial para volver a adaptarse a un trabajo diario deberían ser dos o tres semanas.

Bordeperiodismo: ¿Cómo se manifiesta esa resistencia?

Sabrina Corsi: Muchas veces, en vacaciones los chicos quedan al cuidado de otros familiares que les generan menos orden. Los abuelos siempre son más permisivos, quizás las empleadas también. Cuando la tarea de los padres es delegada, en general los cuidadores son más flexibles. Entonces los chicos son más libres, hacen lo que quieren.

Uno de los chicos con los que trabajo, por ejemplo, está súper gritón. Es decir, manifiesta su desorden interno, su desregulación, a través de gritos. En vez de decir: “No quiero”, que es algo que él puede decir, se pone a gritar a un tono híper elevado. Esta fue su segunda semana de jardín y la primera con terapia y ya empezó a estar un poco más flexible. Pero, para lograr eso, hacemos un trabajo mucho más estructurado que el resto del año. En vacaciones, recomiendo a las familias cortar quince días todo y después retomar porque los chicos realmente lo necesitan. Y estos chicos, la verdad, no se benefician con el ocio. Porque su ocio no es muy creativo. Es un ocio monótono, centrado en sus obsesiones o en sus conductas estereotipadas. Los que tienen el nivel sensorial más afectado, pasan más tiempo tirado en el piso o chupando las cosas. Es decir, el que tiene alguna característica, cuando está libre de la estructura, más la hace.

Borderperiodismo: ¿Hay herramientas para preparar a los chicos?

Corsi: Los anticipadores siempre se indican. A los papás les cuesta. Los anticipadores requieren mucho esfuerzo del adulto. Vos lo tenés que preparar, los tenés que tener a mano y aplicar. Pero, la verdad, es lo que más funciona.

Se trata de, por ejemplo, hacer agendas visuales con el cronograma de lo que van a hacer en el día y en la semana, dependiendo del nivel cognitivo. A algunos nenes les puede servir solo el día, pero a otros les podés poner un calendario en algún lugar visible de la casa con toda la semana.

Es súper importante anticiparles antes de hacer cada cosa qué es lo que va a pasar después. Los calma mucho, los organiza.