El enorme esfuerzo por adaptarnos a los cambios en nuestra rutina, dejar de hacer actividades significativas para nuestra vida, la incertidumbre económica y laboral, ver amenazada nuestra salud nos incrementa nuestro estrés.

El estrés y la ansiedad tienden a desorganizar y desregular nuestros pensamientos (volviéndolos más catastróficos), nuestras emociones y conductas. Se enciende una especie de “alarma interna” y nos preparamos para responder a la adversidad con el mecanismo “ataque-huída” que es una respuesta biológica que activa la secreción de adrenalina y noradrenalina. Si esta fase se mantuviera por un período más extenso se entra en la fase de resistencia donde se activa la producción cortisol, la llamada hormona del estrés.  En ambas fases pueden incrementarse los miedos, el aburrimiento, el decaimiento anímico, la irritabilidad, el enojo y la frustración. Cada cual administra sus pensamientos, emociones y recursos, y responde de un modo único conforme a sus experiencias previas, su biología, su modo de procesamiento cognitivo, de vincularse con los otros, su entorno socioecológico y su visión acerca del sentido de la vida.

La activación del estrés no sólo la sufrimos los adultos… también los niños!!! Y lo más probable es que, como nos ven preocupados, defensivamente eviten “cargarnos” con más preocupaciones. En consulta aparece el temor a contagiarse o contagiar a otros, especialmente a adultos mayores, estados de “hiperalerta” con respecto a síntomas como fiebre o tos, preocupación por la falta de ingresos económicos, etc. Sumado a esto se extrema e intensifica el contacto cercano entre hermanos y padres, lo cual es todo un desafío en si mismo. Pero no termina ahí. Nos enfrentamos, niños y adultos, al desafío “aprender” un nuevo sistema de enseñanza y aprendizaje digital. Es una gran oportunidad para aquellas comunidades educativas que pueden acceder a esta herramienta alternativa. Casi todas las familias tienen un dispositivo electrónico que les permite mantener a docentes y alumnos enlazados y en aprendizaje. ¡Así como es un facilitador también puede ser fuente de estrés! Desde aprender a usarlo y superar obstáculos tecnológicos hasta enfrentarse a la ansiedad que genera estar “solo” frente al dispositivo cuando estamos acostumbrados al aprendizaje social físico.

Son momentos de extrema turbulencia y lo que necesitamos es que los pilotos estén al mando del avión. Esto significa que los adultos somos los que tenemos que acompañar brindando calma, tiempo para procesar todo lo nuevo y abrir espacios de escucha para hablar de los miedos y ansiedades de los niños. Esto disminuye el estrés y favorece a que nos conectemos con nuestra “caja de herramientas”: aquellos recursos internos y externos que fuimos construyendo a lo largo de nuestra vida. ¡Y dejemos que los niños busquen en sus propias cajas que seguro serán más prácticos, originales, creativos e innovadores que nosotros!  Primero confiemos en ellos antes que en las “mamis del chat” que están tan estresadas como nosotras.  Permanezcamos a una “distancia óptima” donde nos mostremos empáticos y atentos a las necesidades de nuestros hijos, pero con un prudencial respeto por sus procesos, sus espacios y sus tiempos, sin invadirlos ni inundarlos con nuestros propios miedos y ansiedades. Son momentos para ser cuidadosos, no sólo desde lo sanitario sino también desde lo inter e intrapersonal y para estar abiertos a aprender de todo lo que trajo para enseñarnos este famoso virus.

Algunas herramientas para afrontar este desafío:

  • Limitar el estímulo de información y privilegiar fuentes confiables.
  • Crear una nueva rutina diaria y llevarla adelante incluyendo interacción virtual, contacto con actividades placenteras como puede ser decorar objetos, armar rompecabezas, leer, dramatizar, escuchar música, rediseñar espacios…
  • Administrar el uso de juegos electrónicos y tiempos en internet.
  • Mantener un estilo de vida saludable respetando horas de sueño, comiendo comida nutritiva y realizando actividad física. Se pueden, aún, dar paseos caminado o en bicicleta en lugares poco concurridos y manteniendo las distancias sugeridas.
  • Respetar los espacios de nuestros hijos y evitar el sobreinvolucramiento.
  • Utilizar aplicaciones disponibles que brindan actividades de mindfulness y relajación.
  • Mantenerse con la mente clara. Esto significa evaluar las amenazas de un modo realista sin magnificarlas y focalizar en nuestros recursos, que generalmente los desatendemos o achicamos.
  • Habilitar espacios de escucha para hablar de sentimientos. Reconocer que experimentar sentimientos como soledad, aburrimiento, miedo, ansiedad, estrés y pánico es esperable.
  • Mostrar empatía y tolerancia por todos los que están haciendo esfuerzos por adaptarse y ser compasivos frente a “errores”. Todos estamos aprendiendo incluidos médicos, colegio, padres. Esto hace crecer tu autocompasión y te sentirás más pleno.
  • Apoyarse en recursos religiosos/espirituales/ profesionales. Se pueden mantener sesiones on-line.
  • Favorecer actividades que nos produzcan bienestar.

Recordá que sos modelo para tus hijos y que ellos aprenderán de vos modos de afrontar situaciones problemáticas al observarte actuar.

 

Lic Cecilia Alais

M.N 41943

Magister en Psicología Cognitiva y Aprendizaje

Diplomada en Psiconeuroinmunoendocrinología

Diplomada Internacional en Autismo