Más tarde o temprano el Gobierno esperaba que comenzara a suceder. El contagio del coronavirus se aceleró de manera alarmante en las villas de la Ciudad de Buenos Aires en la última semana. El parte de salud oficial del jueves a la noche habla de al menos 124 casos confirmados en los asentamientos de Capital Federal, cuando hace apenas una semana se conocían los primeros contagiados. El ritmo de infección ahora se suma de a casi 15 personas por día y “en todas las villas de la Ciudad hay al menos una persona con Covid-19”, aseguró el propio ministro de salud porteño, Fernán Quirós.

La tarea coordinada que el gabinete de emergencia de Alberto Fernández lleva adelante tanto con el jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y el gobernador bonaerense, Axel Kicillof, prevé que el caso de contagios siga en aumento en las zonas más vulnerables de la Ciudad y de la Provincia. “Sabemos que es muy difícil evitar el contacto. Las personas adentro de los barrios no cumplen la cuarentena a rajatabla”, reconoce ante #BORDER, con tono de preocupación, uno de los miembros del equipo porteño que realiza el seguimiento diario.

Este fue uno de los principales motivos por los que Kicillof y Larreta se opusieron a la idea de las salidas recreativas durante una hora anunciadas el sábado pasado por el propio presidente. Saben que el riesgo de que la transmisión comunitaria se vuelva incontrolable es muy alto en esas zonas. Es posible que los funcionarios puedan observar el ejemplo, y tomar los recaudos necesarios, de los suburbios de Nueva York, la ciudad que hoy día es el principal foco de contagio dentro de los Estados Unidos.

La gran densidad poblacional dentro de una gigantesca masa de habitantes, el contacto entre las miles de personas que por día viajan en los transportes públicos y las tardías medidas adoptadas por el gobierno estatal conformaron el combo letal para situar a Nueva York en la cima de las ciudades con mayor cantidad de contagios. Pero dentro de la “Gran Manzana”, los suburbios y los barrios de las afueras fueron, y aún hoy lo son, los más afectados y donde más crecimiento se vio en la circulación del virus.

Según las cifras publicadas por la universidad Johns Hopkins, 2 de los 3 distritos en el país con mayor cantidad de casos se sitúan en Nueva York: Queens (con 50.304 contagios y 3.755 muertes) y Bronx (con 36.969 y 2.660 fallecidos). En el medio se sitúa Kings, de California, con 42.996 casos y 3.678 decesos. ¿Cómo se explica que los suburbios hayan sido los que más altos índice de infección mantuvieron y, al mismo tiempo, hayan provocado la aceleración en el centro de la ciudad?

En aquellas áreas residen personas de menores recursos, que comparten alojamientos en grandes grupos y no pueden respetar el distanciamiento social. “Sabemos que allí es donde más expuestos están y donde menos podrán mantenerse las recomendaciones”, admitió el presidente del sistema de salud de la ciudad, Mitchell Katz. Similar a lo que sucede en los barrios más vulnerables de la Ciudad y la provincia de Buenos Aires. Los detalles que brindan los políticos norteamericanos no buscan estigmatizar a los habitantes de las mencionadas zonas por el nivel socio-económico que ocupan, sólo que muestra a las claras de cómo la situación social a pocos minutos de uno de los centros más poderosos y ricos del mundo puede ser tan mala.

Además, muchas de las voces críticas en Estados Unidos se alzan en contra de las decisiones tomadas con respecto a los servicios de transporte. Se estima que casi un millón de personas utilizan los subtes y trenes para entrar y salir de la ciudad a diario. Un millón de personas que comparten espacios comunes y viajan juntos. Un millón de personas que en todos estos meses estuvieron expuestas al contagio. Recién ayer el gobernador Andrew Cuomo anunció que, por primera vez en su historia, el subte neoyorquino no prestará servicio durante un día entero, será desinfectado.

Tenemos el mejor sistema hospitalario del mundo, no creo que aquí la situación vaya a ser tan mala como en otros países”, se animó a decir el mismo gobernador Cuomo recién iniciado el brote en los Estados Unidos. Subestimar la situación y demorar medidas. Tal vez ese haya sido uno de sus mayores errores. Errores que compartió con el propio presidente Donald Trump. Según Thomas Frieden, exdirector del Centro para la Prevención y Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), la cifra de víctimas se podría haber reducido entre un 50% y un 80% si Nueva York hubiera tomado medidas de distanciamiento un par de semanas antes.

A ello se le sumó la falta de capacidad para realizar testeos masivos que, a juzgar por los países que los aplicaron desde un primer momento como Alemania, tuvieron resultados mucho más exitosos. Poco distanciamiento social, inacción de medidas estatales y un escaso control de casos reales de contagio. Otro cóctel letal que se desparramó por los sectores de la periferia, provocando que el virus se convirtiera en incontrolable una vez que ya circulaba entre las familias.

Al mismo tiempo, un distrito que despertó el interrogante entre las autoridades fue el de Staten Island, a pocos kilómetros al sur de Manhattan. A pesar de tener una muy baja densidad poblacional, a diferencia de los mencionados Bronx, Queens o Brooklyn, allí se concentra otro de los focos con mayor cantidad de contagios. ¿Qué sucede, entonces?Es posible que la alta tasa de infección sea consecuencia de que en la zona reside una gran cantidad de trabajadores de la salud que están en la primera línea de contención del COVID-19”, explicó Steven Matteo, líder republicano en el Concejo del distrito. Muchos aluden a que el principal motivo es la falta de equipamiento adecuado con el que los profesionales de la salud contaban al comienzo de la pandemia.

Las lecciones parecen llegar desde un país que ya superó ampliamente el millón de contagios, que suma más de 62.000 fallecidos y que cada día cuenta de a miles sus muertes. Lecciones que son mejores observar y tomar nota, antes que esperar y ver las consecuencias, que pueden ser muy caras. Los contagios en las zonas vulnerables son inevitables. El Gobierno argentino lo sabe. Lo que el futuro dirá es si las medidas de contención logran morigerar el brote. Algo que hasta el momento parece que se están logrando.

Producción: Florencia Kennedy.

Desde New Jersey