Las imágenes de hospitales abarrotados, camillas en los pasillos de las clínicas y enfermos sin un lugar donde internarse son la peor pesadilla con la que sueña el Gobierno. Son escenas a la que no quiere llegar. Por eso, desde que comenzó el brote del coronavirus en la Argentina el objetivo principal que se planteó fue el de hacer lo posible para evitar situaciones como la que en su momento vivieron Italia, España e incluso Estados Unidos. La fragilidad del sistema sanitario en el país es mucho mayor al de los europeos, por eso la preparación debía ser de gran envergadura.

De esa manera, y con “el diario del lunes en la mano”, tal como dijo el presidente Alberto Fernández al inicio de la cuarentena, los gobiernos provinciales, municipios, comunas, organizaciones sociales y clubes comenzaron a trabajar para sumar la mayor cantidad de camas de emergencia posibles para hacerle frente a la peor oleada de contagios del Covid-19. El resultado fue el esperado y se lograron instalar miles en todo el país. Afortunadamente, en gran parte del país no fueron necesarias. Pero ahora los casos se concentran casi exclusivamente en la Ciudad y en la Provincias de Bs. As.

En este contexto y al ritmo del aumento de contagios, en las últimas semanas se encendió una nueva alarma en las salas de situación que controlan el avance del virus en todo el país: la cantidad de camas disponibles para internar a pacientes con cuadros intermedios. Estos lugares son claves para mantener bajo condiciones óptimas a aquellas personas que presentan avances importantes del coronavirus, pero no están en riesgo como para ser internados en terapias intensivas.

Las camas de internación intermedia no poseen los cuidados extremos que sí tienen las de terapia intensiva pero tampoco pueden relegarse a un club o una cama sin tantos elementos médicos porque muchas veces requieren de respiradores. Pero, sobre todas las cosas, necesitan estar al alcance de los cuidados intensivos por cualquier situación de emergencia que se presente. Es imprescindible que estén en centros médicos, no en los clubes ni en las de convenciones que se convirtieron en hospitales de campaña.

A pesar de que gran parte de los pacientes tienen síntomas leves, hemos observado que empezó a crecer la población de contagiados que necesita de una atención intermedia”, relató ante #BORDER uno de los funcionarios de sanidad que trabaja en el día a día de las atenciones y de los nuevos casos. Según cifras aportadas para este artículo, en la Ciudad de Buenos Aires hay 429 camas ocupadas de las 1100 disponibles para internación intermedia (casi un 40%) y en la Provincia el número es de 1026 ocupadas sobre un total de 2692 (38,11%).

Las cifras, hasta el momento, son optimistas. La saturación del sistema sanitario no parece estar tan cerca. Pero ya lo advirtió Daniel Gollán, el ministro de Salud bonaerense: «Si seguimos a este ritmo, el sistema de salud colapsaría a mediados de julio«, dijo en declaraciones radiales. Pronósticos similares manejaban desde las oficinas de Parque Patricios del gobierno porteño. El pico de exigencia de hospitales y sanatorios llegaría para fin de junio y principio de julio.

De igual manera, en las últimas horas el propio ministro de Salud porteño, Fernán Quirós, se mostró optimista en que si los contagios se “amesetan” en torno a los 400 diarios es posible pensar en panorama no tan complejo. Igualmente, en declaraciones, ayer por la tarde alertó que “la situación es muy compleja, pero no solo en cuanto al virus, sino en lo social y en lo económico”. Principalmente allí radica la idea de permitir el running y nuevas actividades desde la próxima extensión de la cuarentena.

¿Cuáles son las opciones en caso de que se ocupen todas las camas de internación intermedia? Hasta el momento no hay una decisión tomada, pero, según pudo saber #BORDER, es uno de los temas de debate en las mesas de planificación. A pesar de no ser lo más aconsejable, recurrir a las plazas de internación elaboradas específicamente para la pandemia parece ser la solución más rápida. No hay camas con tecnología de avanzada que se puedan construir de un mes a otro, menos de una semana a la otra.

De las casi 5000 camas de internación leve que hay en la Ciudad, hasta ayer sólo había ocupadas 1679. Ya se empezaron a utilizar las primeras del centro de convenciones de Costa Salguero y de la Villa Olímpica en Soldati, convertido una base de testeo y control. Mientras que en la provincia de Buenos Aires sucede algo similar: de las 15.615 plazas disponibles, 6032 están ocupadas y el resto a disposición. Allí parece estar el destino de aquellas personas que en un futuro necesiten mayores cuidados.

Otro índice que en las últimas semanas capturó la atención de Larreta, Quirós y el grupo de asesores en la Ciudad de Buenos Aires es que en los barrios populares hay días en que los recuperados superan a los contagiados. Pero no sólo eso. Sino que comenzaron a detectar una paridad entre los barrios vulnerables y las distintas zonas de la capital. Por tal motivo, es que la cartera de Salud porteña decidió extender el programa “Detectar”, que se encontraba restringido a las villas, hacia el resto de la Ciudad. Será gradual e irá tras los posibles focos que puedan transformarse en masivos, e incontrolables.