Las familias estamos atravesando tiempos complejos, marcados por una gran incertidumbre y una sensación de ver amenazado nuestro status quo. Nos enfrentamos a cambios de paradigmas y eso genera angustia y desconcierto, pero a la vez abre a una posibilidad de evolución en el desarrollo de las personas y las comunidades.

Uno de los paradigmas que está en jaque tiene que ver con la creencia de que “yo controlo mi vida”. Frente a los hechos actuales propiciados por la pandemia, este paradigma se desmorona y se nos desarma nuestra ilusión de poder, grandiosidad e independencia. Entonces surge la gran oportunidad de replantearnos, desde nuestra pequeñez e integrando nuestro lado más vulnerable, un nuevo paradigma: el de la interdependencia creativa. Donde lo grandioso viene de potenciarnos los unos a los otros; de sostener y sostenernos.

Otro paradigma que asoma es el del poder de integrar las emociones a nuestro ser y de expandirnos en nuestra realización personal a medida que ampliamos el repertorio emocional; conectándonos con nuestras emociones y entrando en el mundo emocional de quienes nos rodean a través de la empatía.

El presente nos invita a intuir que las llamadas “habilidades blandas” (como la empatía, la flexibilidad, la creatividad, la compasión) van a ser centrales para un mundo cada vez más incierto y volátil. Los padres y las instituciones educativas son un potente facilitador del desarrollo humano.

Los invito a construir juntos el camino hacia una alfabetización emocional. Así como nuestros hijos aprenden a escribir, leer, operar numéricamente, tambié debemos enseñarles acerca de las emociones. Una mejor gestión de las mismas favorece la autorregulación, la autoestima y la construcción de vínculos positivos.

En este contexto tan incierto hay muchos pensamientos y emociones “dando vueltas”. Pueden surgir pensamientos preocuposos: “¿y si contagio a mi abuela…?” y otros que provocan enojo o irritación :“estar encerrados es lo peor del mundo!”. Conversar acerca de lo que pensamos y sentimos nos ayudará a identificar las emociones, a nombrarlas y a ver con qué pensamientos se conectan, qué nos provocan en nuestro cuerpo y qué cosas estamos haciendo como respuesta frente a ellas.

Iniciando la conversación

Primero es necesario generar un espacio, puede ser antes de dormir cuando nos acostamos o mientras estamos tranquilos y disponibles emocional y físicamente. La idea es incluir en nuestras conversaciones clarificación sobre posibles interpretaciones erróneas sobre el coronavirus y sus formas de contagio. Sorprendentemente he enconrado en la clínica ideas erróneas: por ejemplo que comer dulces puede favorecer el contagio (creencia que construyó una nena de 6 años al escuchar que las personas con diabetes son considerados más vulnerables), o que el virus puede entrar por la rodilla o la espalda.

Les comparto algunas ideas y preguntas disparadoras para favorecer el diálogo con las emociones y pensamientos de nuestros hijos:

Rexlexionar acerca de los cambios y permanencias en este tiempo. Cuando atravesamos situaciones de grandes cambios y pérdidas puede ocurrir que focalicemos más en lo que perdimos y en lo que cambió y menos en las cosas que se mantienen igual, como por ejemplo el amor de los padres, que los adultos siguen siendo quienes los cuidan y sostienen y ellos siguen siendo niños que juegan y aprenden. Esto alivia y reduce la incertidumbre.

Podemos preguntarles y preguntarnos:

⦁ ¿Qué cambió en este tiempo desde que empezó la cuarentena?
⦁ ¿Qué se mantuvo igual?
⦁ ¿Sentís que algo de lo que cambió es positivo?

Para conectarlos con sus emociones y con sus recursos para gestionarlas podemos preguntarles:

⦁ ¿Qué es lo que más te causa malestar?
⦁ ¿Qué es lo que más extrañás?
⦁ ¿A quién extrañás ver?
⦁ ¿A quién ves demasiado?
⦁ ¿Qué miedos tenés?
⦁ ¿Qué hacés con ellos?
⦁ ¿Quién te calma?

Fotógrafo: Mariano Espinoza

Para conectar la emoción con las sensaciones corporales indagar:

⦁ ¿Dónde sentís en el cuerpo el malestar? (o cualquier otra emoción)

Para que puedan ver nos solo las amenazas sino también las oportunidades:

⦁ ¿Qué es lo peor de quedarse en casa?
⦁ ¿Qué es lo mejor de quedarse en casa?
Para favorecer una visión esperanzadora:
⦁ ¿Cuál será el primer lugar que irás cuando se acabe la cuarentena?

Por supuesto que son sugerencias y que cada familia puede ampliar, modificar y expandir estas preguntas. El simple hecho de acercarnos y estar disponibles es sanador.

Recursos

Cuentos:
Vacío, de Anna Llenas

El Monstruo de colores, de Anna Llenas

Canciones:

Far, Far de Yael Naim (traducida al español)

Do what you can (Haz lo que puedas) de Bon Jovi

Color esperanza de Diego Torres