Las consecuencias por la pandemia del coronavirus se cuentan de a decenas, y varían según sector, estrato y condición socioeconómica. Entre los que tienen la posibilidad de vacacionar y hacerlo fuera de sus casas, por citar un caso, aparece el siguiente problema: ¿a dónde podemos pasar unos días para descansar? ¿Qué lugar es seguro? Por supuesto, la opción del exterior queda casi 100% restringida (en la gran mayoría de los casos, a excepción de quienes cuenten con una ciudadanía o residencia en el extranjero) por las mismas razones.

En cambio, los motivos que llevan a descartar vacacionar en los lugares más tradicionales del turismo argentino, están vinculados con otro efecto de la pandemia: la fuerte crisis económica. Según pudo conocer #BORDER, no son pocos los que evalúan pasar unos días en la costa, pero se ven limitados por los altos precios recogidos. Fue viral, por ejemplo, el descargo del influencer Miguel Granados, a quien llegaron a pedirle hasta U$S 9.000 por el alquiler mensual de una casa en Pinamar.

Otro de los obstáculos están relacionados con los propios efectos del «encierro»: nadie asegura que en medio de la estadía no se restrinja las salidas o entradas del lugar. Por supuesto, también influye la pérdida del hábito de salir de la casa, y no es la mismo salir estar a unos 100km de distancia, que tener que viajar más de tres horas para llegar (y volver) a destino.

En ese contexto, para los porteños que cuentan con los recursos para hacerlo, apareció la posibilidad de pensar en los barrios privados que se encuentran ubicados en la periferia de la ciudad, de los cuales existen más de 500 en la zona del AMBA. De acuerdo con la información a la que pudo acceder #BORDER, estos exclusivos establecimientos están recibiendo alrededor de 30 llamados por día para averiguar condiciones. Y no sólo por alquiler. “La mitad del barrio ya se encuentra construido y con muchas personas ya la eligieron como vivienda permanente. En los últimos dos meses se vendió más que los últimos dos años”, señala Ricardo Sarinelli, director del Haras del Sol, un barrio privado ubicado en Pilar.

No es exagerado decir, entonces, que existe entonces una suerte de furor por los barrios privados. En cuanto a la segunda variante, la de la mudanza definitiva, por supuesto que influye el confinamiento en departamentos, que invitó a la reflexión sobre el tiempo invertido o no en un espacio rodeado de naturaleza, tanto en familias como en jóvenes parejas.

“Un departamento en Palermo/Belgrano/Nuñez con amenities y cochera cuesta u$s 200.000 promedio. Lo mismo que cuesta en un barrio como Haras del Sol una casa de 200 m2 sobre un lote de 1500 m2.”, explica Sarinelli. Entre otros elementos recreativos, además del beneficio de estar en un lugar «verde», el emprendimiento que dirige Sarinelli cuenta con un club hípico donde practicar equitación o equinoterapia (en el caso de los niños).

Combatir el sedentarismo

Los establecimientos rurales suelen ser más propicios para el desarrollo de la actividad física, que con el aislamiento (ahora más flexible en CABA y provincia, pero más restringido en provincias importantes como Córdoba y Santa Fe) se vio seriamente disminuida. Este es otro de los motivos por los cuales algunos porteños optan también por volcarse a barrios privados, uno de los sectores beneficiados en tiempos de Covid-19.