La portavoz del organismo, Julie Kozack, confirmó que los técnicos del FMI continúan trabajando con el equipo económico encabezado por Luis Caputo para evaluar el cumplimiento de los compromisos asumidos por la Argentina. De esa revisión depende un nuevo desembolso cercano a los US$900 millones.
Pero el intercambio entre ambas partes no se limita a las variables estrictamente contempladas en el acuerdo. Según explicó Kozack, el Fondo también analiza cómo consolidar el proceso de estabilización y conseguir que sus efectos se extiendan a una porción más amplia de la economía.
El reclamo del FMI: más sectores y más empleo
El organismo considera que la recuperación registrada hasta ahora tiene una composición demasiado concentrada. La energía, la minería y el complejo agroindustrial aparecen como los principales motores del crecimiento, mientras que el desafío consiste en lograr que esa dinámica se traslade a otras actividades y, especialmente, al mercado laboral.
Kozack planteó que la Argentina necesita transformar la estabilización macroeconómica en una etapa de crecimiento más extendida. Para el Fondo, una mayor inversión y la creación de puestos de trabajo serán determinantes para que la recuperación genere oportunidades concretas para los trabajadores.
La definición llega mientras el Gobierno defiende los resultados de su programa económico y busca consolidar el superávit fiscal, reducir la inflación y mejorar las condiciones para la inversión privada.
La tercera revisión del acuerdo entra en una etapa clave
La misión técnica del FMI que pasó por Buenos Aires, encabezada por Joyce Wong, avanzó en el análisis de las cuentas correspondientes al segundo trimestre. La discusión tiene como ejes centrales el resultado fiscal y la acumulación de reservas internacionales.
El programa contempla para 2026 una meta de superávit primario equivalente al 1,4% del Producto Bruto Interno. Las proyecciones oficiales incluidas en el Presupuesto 2027 son algo más optimistas y calculan que el año podría cerrar con un resultado primario de 1,5% del PBI y un superávit financiero del 0,2%.
El dato que complica la negociación es que el Gobierno no consiguió cumplir durante el primer semestre el objetivo fiscal establecido por el programa. La evolución de la recaudación, las modificaciones tributarias y el calendario de determinados ingresos tuvieron incidencia en ese resultado.
Reservas: el otro frente que mira de cerca el Fondo
La acumulación de dólares constituye el segundo gran capítulo de la revisión. El Banco Central lleva comprados más de US$14.000 millones durante 2026, una cifra que supera el objetivo anual de adquisición establecido originalmente en el programa.
Sin embargo, para el FMI el dato relevante no pasa únicamente por las compras brutas realizadas por la autoridad monetaria. El organismo presta especial atención a la evolución de las reservas netas calculadas bajo la metodología acordada con la Argentina.
La recomposición de esos activos es considerada una pieza central para reducir la exposición del país frente a nuevos shocks externos y fortalecer la capacidad del Banco Central para responder ante episodios de tensión financiera.
Mientras el Gobierno destaca la baja de la inflación y el orden de las cuentas públicas como pilares de su programa, el FMI busca que la estabilización no quede limitada a los indicadores macroeconómicos.
El planteo apunta a una segunda etapa: que el crecimiento consiga diversificarse, que la inversión se extienda a más actividades y que la mejora macroeconómica termine reflejándose en el empleo.



