En una escena cargada de emociones, los vecinos de Gualjaina, una pequeña localidad chubutense, despidieron con aplausos y lágrimas a Cristian Rogelio Hube, el último empleado de la estafeta del Correo Argentino en la región. Rogelio, como lo conocían cariñosamente, fue uno de los miles de trabajadores despedidos debido a los recortes del Estado impulsadas por el gobierno de Javier Milei.
Durante veinticinco años, Rogelio se dedicó a su trabajo como cartero en este pueblo del departamento Cushamen, al noroeste de Chubut. Ayer, tras finalizar su jornada laboral, cerró la puerta de la estafeta por última vez y entregó las llaves a las autoridades municipales, marcando el fin de una era para la comunidad.
Al conocer la noticia, los vecinos se congregaron en la oficina postal para rendir homenaje a Rogelio. Con un cálido aplauso, le agradecieron sus años de servicio y le entregaron una plaqueta conmemorativa que lo reconoce como el cartero del lugar. Algunos lo abrazaron y le ofrecieron palabras de aliento mientras Rogelio, visiblemente emocionado, se retiraba con su bicicleta y el remolque donde llevaba las encomiendas.
"Es un día muy triste para todos nosotros", comentó un vecino. "Rogelio no solo era nuestro cartero, era parte de nuestra comunidad. Siempre con una sonrisa, siempre dispuesto a ayudar. Su partida deja un vacío enorme".
La decisión de cerrar la estafeta de Gualjaina es parte de una estrategia más amplia del gobierno de La Libertad Avanza para reprivatizar el Correo Argentino. Estas políticas resultaron en el despido de miles de empleados en todo el país, afectando tanto a grandes ciudades como a pequeñas localidades. La ciudad de Buenos Aires, la provincia de Buenos Aires, Santa Fe, La Pampa, Catamarca y Tucumán son algunas de las áreas más afectadas, pero es en los pueblos pequeños donde el impacto se siente con mayor intensidad.
El cierre de estas oficinas no solo significa la pérdida de empleos, sino también la interrupción de un servicio esencial para las comunidades. Ahora, la llegada de correspondencia y encomiendas dependerá de correos privados, lo que podría resultar en demoras y mayores costos para los residentes de estas áreas remotas.
Rogelio, al igual que muchos de sus colegas, se vio obligado a aceptar un retiro voluntario ante la inminente clausura de la oficina postal. "No tenía otra opción", comentó Rogelio entre lágrimas. "Es muy difícil después de tantos años tener que irme así, pero no me quedó otra".
Cabe destacar que el edificio de la oficina postal era de la Municipalidad y Rogelio mismo se encargaba de la limpieza, un reflejo de su dedicación y compromiso con su trabajo y su comunidad.
La comunidad de Gualjaina se enfrenta ahora al desafío de adaptarse a esta nueva realidad sin su querido cartero. La despedida de Rogelio es un triste recordatorio del impacto humano de las políticas de recorte y privatización. Mientras tanto, los vecinos seguirán recordando con cariño a Rogelio, el cartero que durante años recorrió las calles del pueblo, llevando consigo no solo cartas y paquetes, sino también un sentido de comunidad y amistad.
Con esta emotiva despedida, Gualjaina cierra un capítulo significativo de su historia, esperando que algún día se restablezca un servicio postal que vuelva a conectar a su gente de manera más humana y cercana.