La mora empresarial se disparó con Milei y las pymes son las más golpeadas

El crédito irregular pasó del 0,7% al 3,7% en menos de dos años y ya alcanza a casi 37.500 empresas.
Por: #BorderPeriodismo

La expansión del crédito empresarial durante la gestión de Javier Milei tiene una contracara que empieza a preocupar al sector privado: cada vez más empresas tienen dificultades para cumplir con sus obligaciones. Un informe de Equilibra muestra que la proporción de créditos empresarios en situación irregular pasó del 0,7% en noviembre de 2024 al 3,7% en julio de 2026.

Aunque el nivel todavía se encuentra por debajo del máximo de 8,1% registrado a comienzos de 2020, la velocidad del deterioro encendió una señal de alerta. Según la consultora, la probabilidad de que un préstamo empresarial entre en mora ya se encuentra en un nivel que triplica el promedio de las últimas dos décadas.

El fenómeno se produce, además, en un contexto de fuerte crecimiento del financiamiento. El stock de préstamos a empresas pasó de representar el 5,7% del PBI en septiembre de 2023 al 9,8% en junio de este año. Una parte importante de ese incremento corresponde a los créditos en dólares, que subieron del 0,8% al 3,5% del producto.

La expansión del financiamiento en moneda extranjera permitió contener parcialmente el nivel de mora, sobre todo en actividades vinculadas con las exportaciones. La prefinanciación de ventas externas presenta una irregularidad de apenas 0,6%, muy por debajo del promedio del sistema empresario.

Sin embargo, Equilibra advierte que el crecimiento de los préstamos en dólares también incorpora un riesgo adicional. La habilitación del Banco Central para ampliar este tipo de financiamiento a empresas que no necesariamente generan ingresos en esa moneda deja disponible un volumen de hasta USD 6.500 millones y podría generar un descalce si se produce una apreciación del peso.

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Construcción y comercio, entre los sectores más comprometidos

La mora no afecta por igual a toda la economía. Los mayores niveles aparecen justamente en algunas de las actividades que todavía no lograron recuperar los niveles de producción previos al cambio de gobierno.

La construcción registra una irregularidad crediticia del 7,7%, mientras que el comercio llega al 6,5%. En la industria manufacturera el indicador se ubica en 3,7%. En contraste, minería, energía e intermediación financiera presentan niveles inferiores al 0,5%.

Dentro de la industria también existen diferencias profundas. Los sectores textiles y del cuero muestran una mora del 14,6%, en línea con el fuerte impacto que tuvieron sobre esas actividades la caída del consumo y la competencia importada. En vehículos y transporte, en cambio, el incumplimiento se reduce al 0,4%.

La industria tiene además un peso relevante en el mercado crediticio: concentra cerca de una cuarta parte del financiamiento destinado a empresas y casi la mitad de esos préstamos están nominados en dólares.

Las empresas más chicas son las que más sufren

El dato que más expone la fragilidad del entramado productivo aparece cuando se observa el tamaño de las compañías. Cuanto menor es la empresa, mayor resulta la proporción de créditos en mora.

En los préstamos inferiores a $5 millones, la irregularidad llega al 9,3%. Se trata de un segmento que reúne aproximadamente al 60% de las empresas, aunque concentra apenas el 0,2% del crédito total.

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En el extremo opuesto están las compañías con préstamos superiores a $3.800 millones. Esas firmas concentran el 73,8% del financiamiento y presentan una mora de apenas 1,8%.

La diferencia muestra que el crecimiento del crédito no se distribuyó de manera uniforme. Las empresas grandes, con mayor respaldo patrimonial y capacidad financiera, tienen un acceso considerablemente más favorable que las pymes.

Ya son casi 37.500 las empresas en mora

El deterioro también puede medirse por la cantidad de compañías que ingresaron en incumplimiento. En menos de dos años, las personas jurídicas en mora pasaron de unas 16.200 a casi 37.500. El número equivale al 13,4% de las empresas endeudadas.

El problema adquiere una dimensión todavía mayor entre las pymes que utilizan avales de Sociedades de Garantía Recíproca. En ese universo, las empresas que entraron en mora prácticamente se triplicaron: pasaron de 3.354 a 9.679.

La situación no se limita al vínculo entre las empresas y los bancos. Los atrasos comenzaron a extenderse hacia otros actores de la cadena de pagos y alcanzaron a proveedores y obligaciones tributarias.

Según los datos del Observatorio PyME citados por Equilibra, entre el tercer trimestre de 2025 y el segundo trimestre de 2026 se duplicó la proporción de pymes que registraron atrasos con bancos, proveedores o impuestos. El porcentaje pasó del 12% al 24%.

Las pymes empiezan a financiarse con proveedores y con el fisco

La secuencia de los incumplimientos revela otra señal de tensión. Las empresas no dejan de pagar todas sus obligaciones al mismo tiempo: primero aparecen los atrasos con proveedores y con el Estado, mientras que el sistema financiero queda algo más protegido.

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El 8,6% de las pymes registra atrasos con bancos, frente al 15,3% que demora pagos a proveedores y el 17,3% que acumula obligaciones impositivas vencidas.

La dinámica sugiere que muchas empresas utilizan el crédito comercial y el retraso de compromisos fiscales como una forma de sostener su caja cuando los ingresos no alcanzan. El problema es que esa estrategia termina trasladando las dificultades financieras a toda la cadena productiva.

Los bancos endurecen el crédito para las empresas más chicas

El escenario se completa con una dificultad adicional: mientras aumenta la necesidad de financiamiento, el acceso al crédito se vuelve más exigente para las pymes.

El indicador de estándares crediticios utilizado por Equilibra registra una restricción de 24,9 puntos para las pequeñas y medianas empresas, muy por encima de los 6,5 puntos correspondientes a las grandes compañías.

Así, el crecimiento del financiamiento durante el gobierno de Milei tiene una distribución desigual. El crédito empresarial aumentó con fuerza, pero una parte significativa de esa expansión quedó concentrada en compañías de mayor tamaño y capacidad de repago.

Para las pymes, en cambio, el cuadro combina mayores dificultades para conseguir financiamiento, aumento de los costos y una creciente acumulación de obligaciones impagas. El salto de la mora empresarial aparece, de este modo, como una de las señales más concretas de la tensión que todavía atraviesa a buena parte del aparato productivo.

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