Murió el Negro González Oro: se apagó una de las voces que marcó a fuego la radio argentina

El histórico conductor tenía 74 años y falleció en Punta del Este.
Por: #BorderPeriodismo

Oscar “El Negro” González Oro murió este viernes a los 74 años en Punta del Este, donde estaba radicado desde 2020. Con su fallecimiento desaparece una de las voces más reconocibles de la radio argentina, un conductor que convirtió la conversación cotidiana con sus oyentes en una marca personal y que durante años estuvo entre los nombres más escuchados de la AM.

Su carrera atravesó casi cuatro décadas y tuvo uno de sus puntos más altos al frente de El oro y el moro, el histórico ciclo de Radio 10 que condujo durante 15 años. El programa llegó a convertirse en uno de los grandes fenómenos de audiencia de la radio argentina y transformó a González Oro en una figura masiva.

Pero su vínculo con los medios había comenzado mucho antes, cuando todavía soñaba con ser cantante y buscaba una manera de acercarse a la música.

De Mendoza a Buenos Aires: el camino de un chico que quería cantar

Oscar González Oro nació en Mendoza el 16 de octubre de 1951. Durante su infancia y adolescencia estuvo fuertemente ligado a su familia y a su abuela María Luisa, una figura que ocupó un lugar central en sus recuerdos durante toda su vida.

Cuando su familia se trasladó a Buenos Aires, el cambio significó para él un fuerte desarraigo. Con el tiempo encontró una manera de familiarizarse con la ciudad: recorría sus barrios con una guía en la mano y convirtió a Plaza de Mayo en uno de sus lugares preferidos.

La música fue desde temprano una de sus grandes pasiones. Estudió piano y soñó con convertirse en cantante o concertista. La radio apareció inicialmente como un vehículo para acercarse a ese mundo.

Durante una de sus estadías de verano en Mendoza tuvo la oportunidad de trabajar en Radio de Cuyo, donde comenzó a descubrir el funcionamiento de un medio al que terminaría dedicándole buena parte de su vida.

La radio lo convirtió en una estrella y Radio 10 fue su gran salto

Antes de alcanzar la popularidad masiva, González Oro pasó por distintas experiencias en radio. En 1989 condujo un programa nocturno en FM Playa Verde, en Pinamar, y posteriormente trabajó como productor y conductor en Radio Del Plata.

Fue allí donde empezó a consolidar un estilo basado en el diálogo permanente con los oyentes, la opinión, el humor y una fuerte presencia personal.

En 1998 recibió la convocatoria de Daniel Hadad para sumarse a Radio 10, una emisora que comenzaba a construir un proyecto que poco después se convertiría en uno de los grandes fenómenos de audiencia de la radio argentina.

El 4 de enero de 1999 salió al aire por primera vez El oro y el moro. El programa rápidamente se transformó en un éxito y llegó a reunir cientos de miles de oyentes cada mañana.

González Oro compartió ese espacio con figuras como Eduardo Feinmann, Laura Ubfal, Fernando Carlos y Claudio Zin. Por sus micrófonos pasaron políticos, artistas, periodistas y personalidades de distintas áreas. También tuvo una participación memorable Sandro, que llegó a comunicarse con el programa como oyente.

“La gente tiene que sentirse acompañada”: la fórmula detrás de su éxito

Más allá de los números de audiencia, González Oro había encontrado una definición para explicar su manera de hacer radio.

“No solamente informar. Es alegría lo que buscamos darle a la gente y sobre todo hacerla sentir acompañada”, había explicado al referirse a su estilo.

Esa idea atravesó buena parte de su trayectoria. Su voz podía pasar de la información política a una conversación íntima con un oyente y luego convertirse en el centro de una escena humorística.

Su formación teatral también tuvo influencia en esa construcción. Estudió con actores y directores como Lito Cruz, Héctor Bidonde y Augusto Fernandes, conocimientos que trasladó a la manera de manejar los silencios, los cambios de ritmo y la comunicación con la audiencia.

Su reconocimiento dentro del medio llegó incluso a una distinción particular: recibió el carnet de locutor del ISER por su trayectoria, sin haber seguido el recorrido tradicional para obtenerlo.

El consejo de Tita Merello que quedó para siempre

Una de las anécdotas que mejor retratan su vínculo con los oyentes ocurrió durante su etapa en Radio Del Plata.

Una mujer llamó al programa y pidió hablar directamente con él. González Oro reconoció su voz y la identificó como Tita Merello.

La actriz y cantante le transmitió entonces una frase que el conductor conservaría durante años: le dijo que tenía una voz especial y que debía aprovecharla.

Aquel encuentro quedó grabado en la memoria de González Oro. La admiración que sentía por Merello se mezclaba además con una cuestión familiar: su madre también se llamaba Tita.

La radio que había escuchado desde chico y a la que había llegado casi por casualidad terminó convirtiéndose así en el escenario donde encontró su propia voz.

De la radio a la televisión: otra etapa de una carrera extensa

El salto a la televisión llegó después de la consolidación de su figura radial. González Oro participó de Polémica en el bar y encabezó distintos ciclos, entre ellos Cotidiano, junto a Beto Casella, Lito Pintos y Baby Etchecopar.

También condujo programas como Posdata, Noches negras y Los unos y los otros. Su última experiencia frente a una pantalla fue al frente de Nosotros a la mañana, en El Trece.

Su influencia excedió además la conducción. En 2009 publicó el libro Radiografía de mi país. La Argentina que me duele, una combinación de autobiografía, reflexiones y análisis sobre la realidad argentina.

Incluso recibió una propuesta para ingresar formalmente a la política. Mauricio Macri lo convocó para evaluar una candidatura al Senado, pero González Oro finalmente decidió rechazarla.

La música nunca dejó de estar presente

Aunque la radio terminó ocupando el lugar central de su carrera, González Oro nunca abandonó su pasión por la música.

En 2005 grabó un disco con canciones que solía interpretar durante sus programas y continuó asistiendo a conciertos y hablando de sus artistas preferidos.

También mantuvo siempre una relación particular con la música clásica. Entre sus recuerdos aparecían especialmente sus viajes a Europa y su afición por el piano.

La música había sido el sueño de aquel adolescente mendocino y terminó convirtiéndose en una de las constantes de su vida adulta, incluso cuando su profesión lo llevó hacia un escenario completamente diferente.

Sus hijos, su vida personal y una decisión que contó públicamente

La vida familiar ocupó otro capítulo importante en su historia. González Oro fue padre de Agustín y también crió a Pablo, hijo de su hermano Armando.

En distintas entrevistas contó que la relación con sus hijos había atravesado momentos complejos debido a la enorme exposición pública que implicaba su trabajo. Su fama hacía difícil realizar actividades cotidianas sin ser reconocido.

En 2016 decidió hablar públicamente sobre su relación con el periodista uruguayo Tato Cabrera. El conductor explicó entonces que había elegido hacerlo porque quería darle a su pareja el lugar que merecía en su vida.

Años más tarde contó que sus propios hijos habían tenido un papel importante en ese proceso y que fueron ellos quienes lo ayudaron a vivir esa etapa con mayor libertad.

Punta del Este fue su refugio durante los últimos años

En agosto de 2020, en plena pandemia, González Oro se instaló en Punta del Este. Desde allí mantuvo un vínculo más distante con los medios y comenzó una etapa de vida más tranquila.

En 2021 había anunciado su retiro del periodismo después de 35 años de carrera, aunque posteriormente volvió a participar en proyectos radiales.

La decisión de alejarse de la exposición estuvo vinculada, según había explicado, con el deseo de disfrutar más de sus hijos y de una vida menos atravesada por las exigencias de la radio.

En Uruguay encontró además un espacio para otra de sus pasiones: el cuidado de los jardines y sus perros.

Una vida atravesada por la curiosidad sobre la muerte

González Oro había hablado en numerosas ocasiones sobre la muerte y sobre el paso del tiempo. No ocultaba su interés por ese tema y había reconocido que sentía curiosidad frente a aquello que aparece al final de la vida.

En 2017 atravesó una intervención cardíaca en la que le realizaron tres bypass. Aquella experiencia modificó su mirada sobre la salud y sobre su propia existencia.

En los últimos años también había compartido en redes sociales textos de tono existencial que generaron preocupación entre sus seguidores. En 2025, ante la repercusión de algunas publicaciones, aclaró que no todo lo que compartía representaba necesariamente su estado personal.

Ahora, la muerte que tantas veces había convertido en tema de conversación se convirtió en el punto final de una trayectoria que dejó una marca profunda en la radio argentina.

El legado de una voz que acompañó a generaciones

González Oro construyó su carrera alrededor de una idea sencilla: que la radio no debía limitarse a informar, sino también acompañar.

Durante años, millones de personas reconocieron su voz al otro lado del aparato. Para muchos, sus mañanas estuvieron asociadas a El oro y el moro, a sus entrevistas, sus opiniones, sus discusiones y aquel particular modo de dirigirse a quienes estaban del otro lado del micrófono.

“¡Dale gasss!” fue una de sus frases más reconocibles. “Negrito”, el nombre con el que lo llamaban sus oyentes, terminó funcionando casi como un apellido afectivo.

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