Hay algo particularmente atractivo en los diarios íntimos: la posibilidad de entrar, aunque sea muchos años después, en los pensamientos de alguien que escribió sin imaginar que otra persona alguna vez los leería. Domingo con Dominga, de Paula Russo Martínez y Nicole Grinberg, parte justamente de esa intimidad para construir una obra que combina humor, sensibilidad y una mirada sobre la infancia, el deseo y las formas en las que aprendemos a vincularnos.
La protagonista es Dominga, una antropóloga especializada en literatura que está convencida de que los diarios íntimos escritos durante los primeros años de vida contienen algunas de las claves para comprender la existencia humana. Coleccionista de estos textos, dedica sus domingos a investigar y compartir sus descubrimientos, hasta que la llegada de nuevos ejemplares la lleva por caminos inesperados.
La obra está construida a partir de diarios íntimos de distintas niñas y adolescentes. Ese punto de partida le da una particularidad especial a la propuesta: lo que aparece en escena son pensamientos, deseos, inseguridades y pequeñas obsesiones que pertenecieron a distintas personas y que, trasladados al teatro, funcionan como una especie de máquina del tiempo.
Uno de los aspectos que más se destacan durante la función es justamente la materialidad de esos diarios. Los ejemplares que aparecen en escena se ven reales y esa elección contribuye a reforzar la sensación de estar accediendo a algo privado, casi como si el público estuviera entrando accidentalmente en un espacio que originalmente no estaba destinado a ser compartido.
Paula Russo Martínez sostiene el personaje de Dominga durante toda la obra con una presencia constante, sin quebrar el personaje. La actuación consigue mantener el tono de la propuesta y acompañar el recorrido entre los momentos más humorísticos y aquellos en los que la obra se vuelve más reflexiva.
A partir de los diarios, la obra también propone mirar hacia atrás y preguntarse qué cosas permanecen desde la infancia y cuáles cambian con el paso del tiempo. El amor romántico, el lugar de la mujer en la sociedad, el deseo y las expectativas que se construyen alrededor de las relaciones aparecen atravesados por una segunda transformación: la tecnológica.
En ese sentido, la obra tiene un componente especialmente interesante para quienes crecieron durante la transición entre el mundo analógico y el digital. Los millennials, que tuvieron una infancia marcada por los diarios escritos a mano, los teléfonos y otras formas de comunicación que hoy parecen lejanas, pueden reconocer en la propuesta parte de una experiencia generacional.
La escenografía, concebida como una instalación plástica, también forma parte activa de la puesta. El espacio cobra vida a través de la interacción con Dominga y acompaña una obra que no necesita de grandes artificios para construir su universo.
Aunque Domingo con Dominga es una propuesta apta para todo público, considero que puede encontrar un público especialmente receptivo entre mujeres jóvenes, aproximadamente entre los 18 y los 40 años. La identificación con las experiencias, preguntas y contradicciones que atraviesan los diarios puede ser particularmente fuerte para quienes se reconozcan en esas etapas de crecimiento y en las transformaciones de las formas de vincularse.
Con una duración de 65 minutos, la obra ofrece una experiencia entretenida que, detrás de su tono ligero, invita también a pensar cuánto de aquellas niñas que escribían sobre sus vidas permanece en las mujeres que llegaron a ser.






