Entrevista a Sharon Kurtzman, autora de “El panadero de Viena”: una historia de supervivencia inspirada en el legado familiar

En El panadero de Viena, Sharon Kurtzman reconstruye una historia de supervivencia y memoria inspirada en el legado de su familia. En esta entrevista, la autora habla sobre la novela, la investigación y la importancia de preservar estas historias.
Por: Olivia Regis

Ambientada en la Europa de posguerra, El panadero de Viena nos transporta a una Viena de 1946 donde la libertad recién recuperada convive con las heridas que dejó la guerra. La novela sigue la historia de Chana Rosensweig, una joven sobreviviente del Holocausto que intenta reconstruir su vida junto a su madre y su hermano mientras encuentra en la repostería una forma de mantener vivo el recuerdo de su pasado y de recuperar la esperanza en el futuro.

Publicada por Ediciones Urano, la obra de Sharon Kurtzman combina ficción histórica y elementos inspirados en la propia historia familiar de la autora. A través de dos líneas temporales, la novela conecta el presente de Zoe con el pasado de su tía abuela Chana, explorando temas como la memoria familiar, la resiliencia, el duelo y la posibilidad de comenzar de nuevo después del trauma.

Kurtzman es escritora de ficción histórica y encontró en las experiencias de su familia la inspiración para dar vida a esta historia. Desde joven supo que quería escribir sobre el legado de las generaciones anteriores, especialmente sobre las vivencias de su madre, su tía y su abuela, tres mujeres cuya fortaleza durante la guerra y la posguerra marcó profundamente su vida. A través de su escritura, busca preservar esas historias y transmitir la importancia de recordar.

Con una narrativa emotiva y profundamente humana, El panadero de Viena invita a reflexionar sobre cómo las consecuencias de la guerra permanecen incluso cuando los conflictos terminan, pero también sobre la capacidad de las personas para reconstruirse, encontrar esperanza y mantener vivos los vínculos que las unen a sus raíces.

En esta entrevista, Sharon Kurtzman comparte el proceso detrás de la novela, la influencia de su historia familiar, la investigación que realizó para recrear la Viena de posguerra y el mensaje que espera dejar en sus lectores.

¿Qué te inspiró a escribir El panadero de Viena?

Desde joven supe que quería ser escritora y que algún día escribiría sobre las experiencias de mi familia. Mi madre, mi tía y mi abuela fueron las tres mujeres más fuertes que he conocido. Sus vivencias durante la guerra y la posguerra, así como su resiliencia, me inspiraron a escribir este libro.

Durante mis años universitarios, aproveché unas vacaciones para regresar a casa y entrevistar a mi madre sobre sus experiencias para un trabajo académico. Fue entonces cuando, por primera vez, se sinceró conmigo acerca de cómo había sido su vida durante y después de la Segunda Guerra Mundial.

Aquella fue la primera de varias conversaciones que mantuvimos y, en cada una de ellas, concluía diciendo: «Te cuento esto para que el mundo recuerde lo que nos sucedió».

Yo era la escritora de la familia y sentí, tanto entonces como ahora, que sus palabras sellaban una promesa entre nosotras; una promesa que he cumplido asegurándome de que sus historias no murieran con ella.

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¿Cuánto de la historia de Chana está basada en las experiencias de su propia familia?

Aunque El panadero de Viena es una obra de ficción histórica, también es una novela profundamente personal, ya que muchas de las experiencias de mi familia sirvieron de inspiración para construir la historia de Chana Rosenzweig y los suyos.

Si bien Chana es un personaje ficticio, en ella reuní toda la fortaleza de mi madre, mi tía y mi abuela. Es rubia y de ojos claros, como mi madre, y su recorrido durante la guerra refleja el de mi familia: su paso por los guetos de Vilna y Kovno, el campo de concentración de Stutthof, un campo para personas desplazadas, la huida de ese lugar y los casi dos años que pasó en Viena trabajando en la cocina de un hotel mientras luchaba por encontrar una forma de salir de Europa.

Por su parte, mi abuela inspiró el personaje de Ruth Rosenzweig, la madre de Chana, y su firme determinación de emigrar para que ella y sus hijas pudieran reunirse en Estados Unidos con la familia de su esposo, quien había sido asesinado. Muchas de las escenas del libro están basadas en las historias que mi familia compartió conmigo sobre la guerra y la posguerra.

¿Por qué elegiste Viena como escenario de la novela?

Durante aquella primera conversación con mi madre cuando yo estaba en la universidad, supe que ella, mi tía y mi abuela habían trabajado en la cocina de un hotel en Viena tras la guerra, después de escapar de un campo para personas desplazadas.

También me contó que permanecieron en Viena cerca de dos años después del conflicto y que deseaban emigrar a Estados Unidos para reunirse con la familia de mi difunto abuelo, que había emigrado años atrás. Esa información me llevó a ambientar la historia en la Viena de 1946.

¿Por qué decidiste que la repostería fuera una parte tan importante de la historia?

Chana, su madre y su hermano menor trabajan en la cocina de un hotel porque eso fue precisamente lo que hizo mi familia durante su estancia en Viena. Una vez definido ese escenario, descubrí qué era lo que realmente motivaba a Chana y cuál sería su gran pasión.

A mí me encanta la repostería y, teniendo en cuenta que gran parte de la historia transcurre en la cocina de un hotel, me pareció natural convertirla también en la pasión de Chana. Para ella, la repostería representa mucho más que un oficio: es una forma de expresión creativa, su medio de vida, una manera de mantener vivo el recuerdo de su padre y, al mismo tiempo, un símbolo de su resiliencia y de su esperanza en el futuro.

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Investigar sobre la repostería y los alimentos que aparecen en el libro fue una de las partes más gratificantes del proceso de escritura, especialmente porque gran parte de la investigación relacionada con la guerra y la posguerra fue muy dura. Creo que esa alegría que sentí al buscar recetas y preparar los distintos productos horneados también logró transmitirse a las páginas de la novela.

¿Qué fue lo que más le sorprendió al investigar la Viena de la posguerra?

Mi investigación me deparó muchos momentos reveladores. Me sorprendió descubrir cómo las fuerzas aliadas dividieron Austria y Viena en distintas zonas, al igual que hicieron con Alemania y Berlín, quedando cada una de ellas bajo la administración de un país aliado diferente.

Profundizar en la realidad de una Europa y una Austria devastadas por la guerra, y en cómo la población de Viena afrontaba peligros constantes, escasez de alimentos y problemas de vivienda, resultó impactante; sobre todo al imaginar a mi familia en aquellas circunstancias tan extremas, después de todo lo que ya habían logrado sobrevivir.

¿Cuál fue la escena más difícil de escribir?

La escena en la que asesinan al padre de Chana refleja cómo murió mi abuelo y fue la más difícil que he escrito jamás.

Durante mucho tiempo supe que a mi abuelo lo habían matado durante la liquidación del gueto de Kovno, pero desconocía las circunstancias exactas. Para escribir la escena del asesinato de Jacob Rosenzweig, me basé en investigaciones sobre dicho gueto.

Muchos meses después, un familiar me reveló que lo que yo había escrito como ficción era cierto: los Einsatzgruppen habían acribillado a mi abuelo durante la liquidación del gueto.

He leído sobre el trauma intergeneracional y supongo que, en el fondo, de algún modo yo sabía lo que le había sucedido.

¿Escribir esta novela cambió la forma en que ve la historia de su propia familia?

Escribir e investigar para El panadero de Viena me permitió comprender mejor todo lo que mi familia soportó durante y después de la guerra.

Durante la investigación, leí detalles desgarradores sobre los guetos y los campos de concentración, experiencias que mi familia seguramente vivió y presenció, y que, sinceramente, hubiera preferido no haber conocido con tanto detalle.

Siempre supe que mi madre, mi tía y mi abuela eran mujeres fuertes, pero escribir esta novela hizo que admirara aún más su fortaleza y resiliencia. Me asombra profundamente cómo lograron seguir adelante con sus vidas después del trauma inconcebible que sufrieron.

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¿Qué esperas que los lectores aprendan sobre los sobrevivientes del Holocausto después de terminar el libro?

Espero que los lectores comprendan que la fortaleza y la resiliencia de muchos sobrevivientes del Holocausto no terminaron cuando acabó la guerra. Tuvieron que seguir recurriendo a esas cualidades durante la posguerra para reconstruir sus vidas mientras enfrentaban nuevos desafíos.

Tanto mi madre como mi tía me contaron que sufrieron todo aquello por el simple hecho de ser judías. Ellas creían, y yo comparto plenamente esa convicción, que todas las personas deberían poder vivir sus vidas independientemente de su religión, raza, género, orientación afectiva o cualquier otra condición, y que nadie debería atravesar una experiencia como la que ellas vivieron.

También espero que, al terminar el libro, los lectores comprendan, en el sentido más profundo, que el odio y la guerra son devastadores, y que sus consecuencias y su dolor pueden perdurar a lo largo de las generaciones.

Al mismo tiempo, creo que la novela también transmite un mensaje de esperanza. Mi mayor deseo es que los lectores cierren el libro con la certeza de que, al final, el amor siempre triunfa.

¿Cuál fue el comentario más significativo que has recibido de los lectores hasta ahora?

He tenido la enorme fortuna de recibir comentarios maravillosos de lectores que me cuentan todo lo que aprendieron gracias al libro y me agradecen haberlo escrito.

Varios de ellos me han dicho que El panadero de Viena se ha convertido en una lectura imprescindible para sus familias y que tanto la historia como sus personajes permanecerán con ellos para siempre.

Después de un evento literario el año pasado, en el que comenté que escribir esta novela me había permitido reencontrarme con mi madre de muchas maneras, una lectora se acercó y me dijo que leer el libro también les devuelve a los lectores a sus propias familias. Fue un comentario que me conmovió profundamente y que siempre recordaré.

¿Tenés pensado escribir más historias inspiradas en la historia de su familia?

Mi próximo libro es una obra de ficción histórica inspirada en hechos reales. Aunque no está basado en la historia de mi familia, la trama se centra en dos hermanas judías y, durante el proceso de escritura, descubrí que algunos rasgos de la personalidad de mi madre y mi tía comenzaron a reflejarse en el relato. Si bien no tengo planeado escribir más historias inspiradas directamente en mi familia, creo que, de manera inconsciente, ciertas cualidades de mis seres queridos terminan apareciendo en mis libros, incluso cuando no es algo que busco intencionalmente.

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