El proyecto, gestado durante más de tres años, propone un recorrido de aproximadamente una hora por 1.300 metros cuadrados distribuidos en 13 salas temáticas. Allí, las viñetas clásicas se expanden mediante proyecciones 360°, video mapping, sonido envolvente, realidad virtual multiusuario, instalaciones interactivas, escenografías a medida y esculturas de los personajes en tamaño real. No se trata de una exposición tradicional, sino de una invitación a habitar el mundo de Mafalda desde adentro.
La apuesta no renuncia a la esencia de la obra. Cada sala redescubre a Mafalda, Felipe, Susanita, Manolito y compañía desde un ángulo distinto, combinando tecnología de vanguardia con el humor, la ternura y la agudeza crítica que convirtieron a la tira en un fenómeno cultural intergeneracional. Un detalle revelador: los personajes no tendrán voces. Los diálogos se mantienen en las clásicas burbujas de Quino, para que cada visitante conserve la voz que siempre les imaginó al leerlos.
La identidad visual también fue cuidada con precisión. La paleta de colores que atraviesa toda la experiencia está tomada de una edición francesa de Mafalda que el propio Quino había aprobado, un hallazgo que Damián Kirzner, director y productor general del proyecto, trajo de un viaje de investigación por Europa.

Detrás de la puesta hay un equipo multidisciplinario de artistas, diseñadores, animadores, desarrolladores tecnológicos y especialistas en experiencias inmersivas de Argentina, España e Inglaterra. El proyecto cuenta, además, con la licencia exclusiva de los sucesores de Joaquín Salvador Lavado Tejón, quienes supervisaron cada etapa para garantizar que la adaptación conserve el espíritu original de la obra.
Después de su estreno en Buenos Aires, Mafalda Inmersiva emprenderá una gira internacional por Europa y Latinoamérica. Pero antes, el Centro Cultural Recoleta será el escenario del estreno mundial, donde lectores de todas las edades podrán reencontrarse con la niña de pelo negro y moño rojo como nunca antes la habían visto.



