El presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), Kevin Warsh, fue el principal orador del tradicional simposio de Jackson Hole, en Wyoming, donde se reúnen autoridades de bancos centrales de todo el mundo. En su primer discurso en este encuentro, evitó anticipar decisiones sobre las próximas medidas de política monetaria, aunque dejó en claro que el combate contra la inflación continuará entre las prioridades de la entidad.
Warsh sostuvo que la Fed deberá actuar si la inflación estadounidense no avanza de manera clara hacia la meta del 2% anual. En línea con su intención de mantener una comunicación más “discreta”, el funcionario evitó brindar señales concretas sobre el futuro de las tasas de interés. Del encuentro también participa como invitado el presidente del Banco Central argentino, Santiago Bausili.
“Ninguna de las estadísticas (sobre precios) es perfecta, pero todas apuntan a una situación similar: la inflación supera nuestro objetivo del 2%. Por lo tanto, la Reserva Federal debería centrarse principalmente en los precios en este momento”, afirmó Warsh.
La inflación en Estados Unidos se ubica en 3,7% anual, mientras que el precio internacional del petróleo aumentó desde el inicio del conflicto con Irán, el 28 de febrero de este año. Este contexto podría favorecer la permanencia de tasas elevadas durante un período prolongado.
Actualmente, la tasa de fondos federales se encuentra entre 3,50% y 3,75% anual. El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) volverá a reunirse el 15 y 16 de septiembre de 2026, cuando podría definir una nueva suba.
Un escenario de mayores tasas también impactaría sobre la deuda argentina. Los bonos soberanos en dólares, tanto Globales como Bonares, podrían ofrecer rendimientos más elevados para atraer inversores y, en consecuencia, aumentar la presión sobre el riesgo país, que en las últimas semanas no logró perforar el piso de los 500 puntos básicos.
Un dólar más fuerte
Las tasas altas en Estados Unidos suelen fortalecer al dólar al incrementar el atractivo de las inversiones denominadas en esa moneda. Esto podría presionar a la baja a monedas emergentes, entre ellas el peso argentino y el real brasileño.
A su vez, un dólar más fuerte podría provocar una reversión de las estrategias de carry trade. En Argentina, la estabilidad cambiaria de los últimos dos años estuvo vinculada a un ritmo de aumento del dólar inferior al de la inflación y las tasas en pesos.
Una política monetaria restrictiva también encarece el crédito y reduce la liquidez disponible para el consumo, la inversión y la actividad productiva.
El PBI estadounidense creció 1,5% anual durante el segundo trimestre de 2026, frente al 2,1% registrado en el período anterior. Una mayor desaceleración de la principal economía mundial podría repercutir sobre la demanda global y afectar a las materias primas que sostienen las exportaciones argentinas, especialmente las vinculadas al agro, la minería y la energía.



