Alergias: Un poco de piedad con los plátanos

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Por: Graciela Barreiro

Un plátano majestuoso, de más de 100 años de edad, se alza en la avenida. No está solo. Otros se alinean con él a lo largo de una vereda que mira al norte. Es verano, y la sombra se dispersa amplia y fresca en los 38 grados del mediodía. Debajo del árbol, con 5 grados menos, se transpira menos.

“Es que a mí, de sólo mirarlo, me viene un ataque de asma”-dice el señor de remera azul. “Y, ¿mi hija? Que el médico me ha dicho que si el municipio no saca el plátano ése que tengo en la vereda, ¡mi hija se va a morir! -la señora de la casa de al lado. “Pero, ¿es que nadie piensa en los alérgicos? Hay que sacarlos a todos”

Vamos, un poco de piedad.

Los árboles hacen posible la vida urbana. Hacen más bellas a las calles y dan sombra protectora y eso lo sabemos desde hace siglos. Sin embargo, el hoy los hace mucho más necesarios. Las consecuencias del cambio climático, con sus eventos extremos cada vez más frecuentes, son y serán –si seguimos así- muerte y desolación. Nada nos asegura que nuestros árboles puedan sobrevivirlas pero es seguro que la supervivencia humana en el entorno urbano sería mucho más difícil sin ellos.

 

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Entre las razones del cambio climático se encuentra la emisión de gases de efecto invernadero, entre ellos el dióxido de carbono. Las plantas tienen la capacidad de absorberlo y retenerlo cuando son leñosas, en sus troncos y raíces, como carbono. La mitad del peso de un árbol, es carbono retenido.

Un árbol maduro, adulto, de 20 a 30 m de altura y amplia copa, contiene toneladas de carbono en su madera, que sería vuelto a lanzar al aire si el árbol desaparece. Sin contar que ese logro le ha llevado entre 50 y 100 años de crecimiento en un entorno irascible. Pero volvamos al plátano.

Que el polen da alergia. Sí. Como otros pólenes: el fresno y el césped son de los peores. También los pólenes de margaritas, liliums, espatifilos y muchas otras plantas que ponemos de adorno en casa. Que causa rinitis. Sí. Como otros elementos que transporta el aire: los tricofilos (pelitos diminutos) de las pequeñas hojas que están brotando se esparcen en el ambiente y se depositan en la mucosa de nariz y ojos causando molestia. Es un proceso de principios de la primavera y que dura unos 15 días. Al igual sucede con los papus (frutos con pelos largos, de color cobrizo, que se desprenden de las “bolitas” que el plátano da sobre las ramas más nuevas cada año) y que pueden volar a muchos metros de distancia, “ensuciando” asfalto y baldosas durante otros 15 días de mediados de primavera.

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Ni la alergia ni la rinitis les sucede a todos. Sólo los alérgicos o particularmente sensibles a los contaminantes del aire, que hace unas décadas eran un 10% de la población y, según la OMS, serán cerca del 50% dentro de 25 años. La explicación no es que en 25 años habrá más plátanos. Ni siquiera habrá más árboles en las ciudades –salvo honrosas excepciones de países inteligentes.

 

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Aumentan los niveles de contaminación del aire con las emisiones de automóviles y otros vehículos, aumentan los niveles de ácaros y mohos transportados por el viento o concentrados en ambientes cerrados, aumenta la vida sedentaria en ambientes poco ventilados. Y la consecuencia es la rinitis alérgica, que tiene un pico de consultas médicas en el otoño. Justamente cuando los plátanos no se manifiestan más que por la caída de las hojas.

Hace unos días, en la radio, una médica alergista decía: “Recordemos que en la ciudad tenemos al peor enemigo de los alérgicos…el plátano” ¿No será mucho, doctora? Los urbanistas especializados en ambiente en todo el mundo recomiendan cuidar a cada árbol, en particular a los más antiguos y grandes, por su valor de retención del carbono. Los plátanos están en las calles de ciudades muy hermosas y no imagino a sus intendentes talando los plátanos de Londres, de Champs Élysées en París, de la Plaza Napoleón en Lucca, o de casi todas las calles y avenidas del Montevideo más antiguo.

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Se podrá hacer planificación de próximas plantaciones, donde aún no haya árboles o donde muera alguno de los antiguos plátanos, con otra especie tan buena como ellos para resistir la furia de la ciudad, pero es impensable reemplazarlos de un saque para estar otros 50 años esperando la sombra.

Recordé de repente ese cartel en un barrio que decía: “Maneje con cuidado, aquí no nos sobra ningún niño” Deberíamos poner carteles en las ciudades que digan “Piense con cuidado, aquí no nos sobra ningún árbol”

 

 

 

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