Carta a Antonio en su primer cumpleaños

Por: María Julia Oliván @mjolivan

Hace varias semanas que vengo pensando que no debería escribir nada cuando llegue el 11 de abril. Que sólo soy capaz de escribir cursilerías aburridas que no le importan a nadie más que a vos. Y que para que vos te enteres no tengo que escribir en el portal, sino hablarte mientras te doy la manzanita.

Pero son las 11 de la noche y mientras sigo leyendo y leyendo y pensando en el trabajo y en el reportaje de mañana y en el off de pasado pienso que, en realidad, no puedo no escribir esto que dudo en escribir.

Así que ahí va.

Antonio:

Cuando bailás con el pañal flojito (ahora que aprendiste a desabrocharte el abrojo) sos mejor que Mick Jagger haciendo gallinita.

Cuando me sonreís arrugando la ñata y reposando la cabecita contra un costado salta mi corazón hasta el sol y vuelve.

Cuando ensayo retarte porque agarrás los cables y me mirás y te reís como un chantapufi del cero, te quiero comer los cachetes.

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Cuando estiro la trompa porque te pasas el puré por los rulos –si la cámara se acercase se notaría claramente- te estoy mirando embobada la curvatura de tus tupidas pestañas.

Cuando naciste… me abriste un cielo y lo dejaste en mis manos.

Me entusiasmaste hasta el infinito y me diste ganas de todo lo que sea con vos.

Cuando me enojo con tu viejo, me escondo en algún pasillo y los miro de lejos. Veo cómo te besa y te abraza y eso me recuerda por qué lo quiero tanto.

Cuando llorás encaprichado porque querés juntar hojitas debajo de la lluvia, yo me pongo seria pero si la cámara se acercase podrías notar que te estoy estudiando la forma de tus labios ¿son delgados o gruesos?.. todavía no sé.

Te cuento mis secretos porque, cuando sepas leer, me voy a inventar algo para hacerte creer que entonces mis retos y mis trompas son cosa seria y que no me vas a doblegar moviendo la colita y la cabeza al ritmo de Plim Plim.

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Aunque tal vez eso no suceda pero ya me inventaré algo. Porque vos serás bien chantún, pero como dice la abuela Alicia, no saliste de un repollo. Hoy cumplís un año.

Pintás bravo, lindo, extrovertido y morís por jugar con cualquier adulto, perro, pájaro o niño que te cruces por la calle.

Te obsesionan las lamparitas y los celulares y mordés con ganas cualquier botón o etiqueta que te caiga en las manos.

Anoche, mientras te dormía –como si fueses un brujo que sabe que al rato me voy a sentar a dedicarle una carta– me regalaste un momento muy loco.

Con los ojos cerrados, la cabezota apoyada en la almohada y las manos agarradas a la mamadera vacía pegaste una brutal carcajada con ruido. Entreabriste los faroles, me disparaste un misil de amor con los ojazos esos que tenés y te volviste a dormir. ¡Sos muy guacho!

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No puedo dejar de pensar en el clip.

Ni en esa primera vez que te vi la cara colorada pero radiante. Desde ese día hace ya un año no soy la misma. No se qué soy. Ni si soy mejor o peor. Es cierto, sí, que me duelen más los huesos y que no baje los 10 kilos que subí, pero ¿sabés qué? Me importa tres pepinos al lado de lo que vale tu sonrisa loca que encanta a todos. Sos groso, loco, bravo, tremendo, amoroso y tierno. Simpático e inquieto. Sos mi bebé aunque me saques a golepcitos para que no te bese tanto.

Feliz cumpleaños, Antonio. Si Dios nos acompaña, te voy a dar la manito hasta cuando seas un peludo grande que ya sepa hacer de todo.

 

 

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