Periodismo de soluciones

Ideas y casos exitosos para enfrentar el bullying

Ideas y casos exitosos para enfrentar el bullying

Las denuncias por casos de bullying aumentan año a año. Las redes sociales, como extensión de esa violencia, se ponen en el centro de las miradas. Hay casos extremos, que llegan al suicidio, y hay casos silenciosos, que muchas veces los chicos padecen a diario y llevan como una mochila pesada sin que las instituciones intervengan de manera efectiva ¿Qué hacer? ¿Dónde mirar? ¿Cómo empezar a pensar en el acoso escolar? 

 

Jazmín va a cuarto grado de una escuela de Santa Fe. Su madre la filma y le pide que cuente qué pasó. La nena, mientras llora, responde a las preguntas: en la escuela le dicen gorda, la empujan, le tiran cosas, las maestras no hacen nada, ella no aguanta más, intenta suicidarse. El video se viraliza. La noticia de la nena de nueve años que se intentó suicidar tomando pastillas porque soporta ya el acoso escolar es una más entre otras de los últimos tiempos.

El 3 de agosto pasado, Lara, una chica de 15 años, se pegó un tiro en la clase de geografía en el Colegio Nacional Rafael Hernández de La Plata. Cuatro días después, moría en el hospital. A su mamá le había dicho: “Esto es una selva. Acá hay un bullying terrible, son todos unos forros. No se respetan entre los compañeros ni a los profesores. No es algo contra mí, pero en general se vive algo terrible”. Según UNESCO, Argentina es uno de los países de la región con mayor cantidad de situaciones de hostigamiento: 4 de cada 10 chicos aseguran haber sufrido acoso escolar. Aunque toma lugar en los medios y existe una ley, la  26.206, “para la promoción de la convivencia y el abordaje de la conflictividad social en las instituciones educativas”, en la práctica no parece haber mejorías. Es más, la  ONG Bullying Sin Fronteras denuncia que año a año esta problemática va en aumento y comparan: en el primer semestre de 2016 registraron 1.142 casos (en el primer semestre de 2015 habían sido 818). Es claro además que sólo se anotician de un porcentaje de situaciones.

Pablo di Napoli es doctor en Ciencias Sociales e investiga desde hace años el tema de los vínculos y los procesos sociales en los ambientes educativos; consultado por #BORDER, ayuda a pensar en aspectos clave para encarar el tema. La identificación del problema es crucial: no toda violencia en el ámbito escolar es bullying. Saber cuándo se presenta un caso sirve para despejar el terreno y afinar el enfoque.

 

¿De qué hablamos cuando hablamos de bullying?

Aunque la situación es vieja -el hostigamiento escolar existe en tanto existen los grupos- el modo de pensarla y de identificarla es bastante joven. El bullying fue descrito primero como mobbing en Suecia, en la década del ’70. Luego, pasó a ser señalado como bullying en Gran Bretaña en los ’80 y una década más tarde comenzaron a proliferar las investigaciones sobre el tema en Estados Unidos. En América Latina, recién a comienzos de este siglo crecieron los estudios sobre esta problemática. Las generalizaciones, dicen los especialistas, sólo borran contornos para las posibles soluciones. Di Napoli indica que para hablar de bullying se tienen que presentar tres cuestiones: que haya un comportamiento de una o más personas con la intención de hacerle daño a otra, que se repitan esas situaciones y que se dé en el marco de una situación de abuso de poder, donde hay alguien fuerte y alguien débil frente a esa situación. Todo el resto puede ser violencia escolar, pero no es bullying.

 

Los adultos

“Los docentes, los equipos directivos y, en el caso del nivel secundario, los preceptores de cada escuela son quienes tienen en su haber las herramientas para abordar de forma fructífera esas situaciones porque son quienes están con los estudiantes todos los días y pueden conocer y trabajar sobre el contexto en el que se producen las situaciones de maltrato”, dice di Napoli. Aunque aclara que no existen recetas que puedan aplicarse a todos los casos, el trabajo con los adultos que están a cargo en el ámbito escolar es el modo más viable para encarar el tema. El investigador comparte una situación que muestra, por la negativa, la forma errónea de abordar un problema como éste: un día fue a hacer un trabajo de campo a un colegio y se encontró con una situación que estigmatizaba y no resolvía: una directora, en uno los tantos llamados de atención por diferentes cuestiones de indisciplina, le dijo a un alumno que ´tenía principio de bullying´, a modo de diagnóstico médico como si fuera una enfermedad. Después de eso, los compañeros comenzaron a decir que el alumno “era bullying” y se nombraron, como grupo, “los bullying”.  Para di Napoli, el error estaba en patologizar al chico que agredía y desviar la mirada de los modos de vincularse de todos. Para descomprimir esas situaciones, reitera, es necesario ver cómo se construyen las relaciones en cada grupo y no hay recetas mágicas ni reproducibles. Unicef, en el protocolo para la prevención del bullying, también pone el acento en la imprescindible acción por parte de la dirigencia educativa.

 

Relaciones, no etiquetas

di Napoli señala la necesidad de ver el entramado social y no poner el acento en la mirada víctima/victimario, porque eso genera estigmatizaciones y no resuelve el entramado social que hace posible una situación de hostigamiento. Para él, el 0800 que recibe denuncias de este tipo no puede ser una solución a un problema que se ancla en una red de relaciones.  Aconsejan la mirada social por sobre la individual: “Consideramos primordial indagar los contextos socioculturales en los cuales se producen las violencias, así como también las percepciones y sentidos que construyen los actores, en especial los jóvenes, en torno a ella; a fin de evitar la patologización, criminalización y estigmatización de los estudiantes”, dice.

 

Algunos casos exitosos

Aseguran que no hay recetas y que importar metodologías no garantiza el éxito, pero hay un caso del que hablan todos: El KiVa en Finlandia, el país que va en punta en educación. Los resultados son contundentes: en aquel país ya no hay bullying en el 80% de las escuelas y se redujo en otro 20%. El método se desarrolló en la Universidad de Turku e incorpora la figura de los testigos, aquellos que quedan callados mientras alguien sufre violencia física o psíquica. Se busca concientizar sobre las consecuencias que trae mirar sin intervenir y de alguna manera al poner eso de relieve se quita un elemento importante del agresor: el público. Además, se brinda información para poder diferenciar entre una pelea entre chicos, entre pares, y una situación de acoso. El abordaje apunta al grupo: agresor, víctima, y quienes son testigos. Busca el compromiso, no ser cómplice, no callar. También apunta a la colaboración entre la escuela y los padres. Busca, en síntesis, salir de la pasividad. En Argentina, en Salta, San Juan, Pilar y en Buenos Aires se han realizado las primeras experiencias.

Desde un rap producido en Mendoza para ser reproducido en el transporte público, #NoTePrendas, hasta talleres de yoga, varias son las propuestas de escuelas de todo el país para tratar de cambiar los modos de relacionarse. Si bien se reconoce la buena repercusión de KiVa, hay quienes aseguran que la situación sociocultural de Finlandia es muy diferente a la de Argentina y, mientras tanto, aquí se han realizado algunas experiencias que buscan el cambio a través de programas o actividades que han dado algunos resultados en diferentes escuelas. Son estos:

  • Educación Emocional: Corrientes fue la primera provincia en tener una ley que promueve esta práctica en las escuelas, que apunta a trabajar en el desarrollo de las emociones. Se capacita a docentes para llevar al aula herramientas que les permitan a los chicos vincularse con lo emocional y así facilitar las relaciones entre todos. Lucas Malaisi es un referente en ese tema. Entre otras cosas, se busca desarrollar la empatía, el autoconocimiento, la motivación. Se busca trabajar con docentes, padres y niños.
  • Inclusión de lo creativo: Hay escuelas que incorporan clases de yoga, de rap, de música para tratar de cambiar el modo de relacionarse. Cuando se ve que las sanciones no cambian la situación, la apuesta pasa por incorporar disciplinas que apuesten por lo expresivo.
  • Meditación: Un caso representativo es el de la escuela Nº 423 “Brigadier Don Juan Manuel de Rosas”, de San Luis. Dos docentes buscaron estrategias para bajar la violencia y la agresión entre los chicos y apostaron por esta práctica. Todos los días, los chicos de entre 9 y 13 años practican diez minutos de meditación y aseguran que los resultados son sorprendentes.

 

Dice el informe de UNESCO:Las desigualdades de género y la violencia en el hogar, en la comunidad o que sucede en el ciberespacio afectan a los niños y los adolescentes que cursan estudios y se pueden reproducir o intensificar en las escuelas”. Por todo ello, concluyen: “Las escuelas no existen aisladas socialmente de sus comunidades”.

Click to add a comment

Responder

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Periodismo de soluciones
Natalia Gelós @nataliagelos

Nací en Cabildo. Me gradué en La Plata. Vivo en Floresta. Soy periodista freelance. Escribí y escribo en varios lados: La Nación, Ñ, Crisis, Anfibia y acá. Ando en bicicleta. Hace un tiempo, escribí un libro: "Antonio Di Benedetto Periodista".

Más de Periodismo de soluciones

votacion

Cómo mejorar el sistema electoral argentino

Javier Smaldone @mis2centavos16 ago 2017

Compartir con un amigo