Es una realidad. Lo que sale del promedio, la escuela tradicional lo expulsa. Y con la excusa de que ese lugar no es el ideal para sus hijos, obligan a los padres a iniciar una larga peregrinación por establecimientos alternativos hasta dar con el adecuado. También es una realidad que, en grados cada vez más numerosos, es casi imposible detectar la diversidad del niño, sus intereses y distintos tiempos de aprendizaje, en este contexto son cada vez más los que terminan padeciendo sus jornadas escolares.

Ante este panorama algunos padres están optando por sacar a sus hijos de la escuela y se suman a la metodología llamada homeschooling, “estudiar en casa”. Una modalidad que en nuestro país es poco conocida, pero que en el mundo es común y legal. “Dentro del gran abanico que implica la desescolarización de los chicos hay dos grandes corrientesexplica Bárbara Kaplan (38), artista plástica y mamá de Nicolás que con ocho años nunca fue al colegio-. Están los homeschooling, que recrean la escuela en la casa, siguen la currícula de la institución, pero en el hogar y los unschooling, que tienen otra concepción filosófica: los niños vienen biológicamente preparados para aprender todos los conocimientos, así como aprenden a caminar pueden adquirir cualquier contenido sin que ningún adulto se los imponga”.

Si bien en nuestro país no existen cifras y en algunas provincias está práctica esta prohibida, estudiar fuera de las instituciones se presenta para algunos como una alternativa posible. Ya lo dice Laura Gutman en su reciente libro titulado: “Mi hijo no quiere ir a la escuela. Y tiene razón”: “Compartimos una profunda reflexión sobre lo desfasada y arcaica que ha quedado la escuela tal como la conocemos hoy. Es urgente que modifiquemos estructuras obsoletas e inventemos sistemas en consonancia con las vidas que queremos para nuestros hijos. Deseamos que la escuela se pueda enfocar en contribuir al desarrollo de individuos sanos y no solamente de individuos productivos o exitosos”.

Y para quienes se horrorizan pensando que los padres que deciden educar a sus hijos en su casa, son personas antivacunas y hasta antisistemas, aquí la palabra de Melania Ottaviano, directora del Instituto de Educación e Innovación de la Universidad siglo 21: “Celebro que los padres estén tomando un rol activo en la educación de sus hijos, tanto como para buscar la mejor escuela para sus hijos, como para entender que no por ser hermanos tienen que ir al mismo establecimiento o aquellos que deciden hacerlos estudiar en sus hogares. Creo que hoy la escuela tradicional está desactualizada y necesita un cambio y ese cambio se debe dar con innovación. Los padres que están educando en casa lo están haciendo y son un emergente de lo obsoleto del sistema educativo actual. Está claro que los chicos ya son parte de un mundo globalizado, están en un formato de sociabilización y de redes sociales y la escuela no sabe cómo responder. Los colegios no se plantean preguntas básicas como ‘qué soñás’, ‘qué deseas’ y ‘qué tipo de persona querés ser’. Siguen muy apegados a los conocimientos curriculares -que dicho sea de paso están todos en internet- en lugar de enseñar a llegar a consensos y lograr la empatía con los demás. Ya lo dijo Sugata Mitra (profesor indio, impulsor de la iniciativa Hole in the Wall , basada en el aprendizaje por exploración): ‘no enseñen aquello que los niños pueden encontrar en internet’. La educación tiene que estar basada en proyectos según deseos y necesidades y no en contenidos enciclopédicos”.

En #BORDER presentamos cuatro historias para conocer un mundo del que pocos tenían idea. En esta primera parte, casos de homeschooling.

CASO 1: Paula Lago (47, creadora de Educo en casa) mamá de Milena (15) y de Manuel (11). Homeshcooling.

El hijo de Paula, si bien no va al colegio, se relaciona con chicos en talleres y cursos.

Los sacamos de la escuela –a la nena cuando cursaba 3er grado y al varón cuando estaba en salita de 4 años- por un cúmulo de cosas– cuenta Paula Lago (47, docente), mamá de Milena (15) y de Manuel (11) y fundadora de la web Educo en casa-. Yo me sentía muy defraudada por el sistema, sobre todo con lo que veía en el nivel secundario donde fui profesora por 20 años: los chicos venían muy abúlicos, sin intereses, ni una pizca de curiosidad. Para esa época mi hija mayor comenzó el jardín y como estaba feliz de ir no pude decir nada. Además, hasta ese momento pensaba que el homescooling era ilegal en nuestro país. Sin embargo, cuando llegó a la primaria empezó a decaer, me preguntaba por qué la maestra le gritaba si yo no lo hacía o por qué la retaban también a ella si eran otros los que se portaban mal. Un día, ya tercer grado, llegó a casa con un 7 y le agarró un ataque de llanto, no porque nosotros le exigiéramos nada, sino y según sus palabras, porque me decía que ella no quería ser una mediocre. Ahí empezamos a buscar alternativas, pero las escuelas con otras pedagogías como la Waldorf o la Montessori eran muy caras o no tenían vacantes. Entonces buscando y buscando di con familias que educaban en casa y ahí dije: ‘ah, se puede’. Leí un resumen legal que había hecho otra mamá e investigué un montón. Cuando me quedé tranquila de que era completamente legal nos lanzamos y ya hace 7 años que estamos con esta modalidad”.

Y si bien hoy muchos de sus conocidos reconocen que sus hijos reciben una excelente educación, ambos están inscriptos en una escuela norteamericana y rinden todo online, Paula sostiene que el prejuicio fue y es grande: “Mis hijos perdieron amigos porque sus padres pensaban que nuestra decisión podía ser contagiosa.También me sigue pasando que cuando digo que mis chicos no van al colegio enseguida me ven con reprobación. Muchas piensan que soy una hippie y que seguro no vacuno a mis hijos, y nada que ver, ellos tienen todas las vacunas. Pero bueno, educarse en casa como también ir a una escuela no es para todos, lo bueno es que cada uno tenga la posibilidad de elegir”.

Paula asegura que sus chicos no resignan la sociabilidad que les brinda la escuela: “Personalmente creo que en la escuela la socialización es de a ratos y a veces es mala. Los chicos si bien no tienen compañeros hacen millones de actividades como patín, natación, arte, dibujo y es ahí donde están los pares y hacen amigos. Estudiar en casa no es ser menos sociables, entendería la preocupación si estuvieran en un sótano sin luz ni acceso a la sociedad, pero nada que ver”, resume Paula que asegura que animarse al homescooling no requiere dejar de trabajar pero sí un gran cambio de vida: “Cuando comenzamos mi marido hizo dos y tres turnos para cubrir el dinero que yo no aportaba hasta que finalmente me pude reorganizar y empezar a generar ingresos desde mi casa”.

Milena (15) fue desescolarizada cuando estaba en 3er grado y hoy rinde a distancia en un colegio de Estados Unidos.

En el hogar de Paula los chicos van autogestionando su aprendizaje y se utilizan distintas plataformas online como así también libros y manuales. “Trabajamos por objetivos, con proyectos y la resolución de problemas. El año pasado fuimos los 4 a Europa por los 15 años de la mayor y estudiamos un montón sobre cada lugar que visitamos. Al llevarse 4 años y medio estudian bastante por separado, pero también como en el caso de Europa, lo hacen juntos”.

CASO 2: Gisela Arcando (40, creadora de Mare Verum), mamá de seis hijos. Homeschooling.

Gisela Arcando con su marido Gabriel y sus seis hijos,

“Comenzamos con la educación en casa hace 8 años, cuando mi hija mayor estaba en 4° grado y los más chiquitos en jardín”, cuenta Gisela Arcando (40, docente) casada con Gabriel (43, metalúrgico) y mamá de Josefina (17), Agustín (13),  Sofía (12), Facundo (8), Juan Cruz (6) y Salvador (3) . “Para ese entonces, con tres hijos, ya no estaba ejerciendo la docencia y conocimos a una familia que hacía educación en casa. Fue la primera vez que escuchamos la palabra homeschooling. Me puse a investigar y me di cuenta de que en Estados Unidos, era una modalidad muy común y totalmente legal. Enseguida pensamos que era una opción para nosotros”.

“Hacía un tiempo que nos planteábamos un cambio para la educación de nuestra hija mayor, nos parecía que había algo que no funcionaba bien, el sistema, la maestra, el colegio… algo no nos cerraba, nos cuenta Gisela a través de muchísimos audios porque sus días se dividen entre las múltiples actividades de sus hijos y poco tiempo le queda para poder mantener una entrevista demasiado larga. “Trabajé en colegios de La Plata y sentía que se ocupaban de cosas que para mí no eran importantes, sufrí la falta de educación personalizada: los chicos -aún teniendo la misma edad- presentan diversos grados de madurez y con cursos tan numerosos es difícil de manejar. Los estudiantes terminan aprendiendo de la peor manera, no se respetan sus ritmos de aprendizaje, su madurez. Aulas y patios pequeños donde no se puede correr, y los docentes terminábamos ejerciendo el rol de policías que le impedían hacer lo que para los chicos les es natural: correr y jugar… Eso se tornaba en situaciones hasta de violencia entre docente y chicos. También me chocaba lo arbitrario de los planes de estudios: de todo lo que hay por conocer se eligen determinados contenidos en base a una función que tiene la escuela práctica y materialista de formar para la posterior inserción laboral. Por otra parte, hoy la escuela no está brindando las herramientas para este mundo tan tecnológico en el que vivimos. Hay pedagogos que hablan incluso de una escuela “obsoleta”.

«Existen las pedagogías Waldorf y Montessori, pero nosotros decidimos ofrecer una educación desde el hogar. Hoy todos mis hijos están inscriptos en un colegio de Estados Unidos donde rinden a distancia y los sistemas de evaluación son diferentes: no solo se tienen en cuenta los conocimientos sino también sus experiencias. La mayor con 17 está feliz con la educación que tiene, nunca me pidió volver al colegio. Ella tiene muchos amigos, es difícil encontrarla un fin de semana en casa. Este año definió lo que seguirá estudiando y está buscando una universidad que dicte la carrera de diseño gráfico a distancia”.

Gisela estudia fósiles con Facundo y Agustín.

Pero ¿cómo se hace para organizar los estudios de 6 chicos con edades tan diferentes dentro de una casa? Al parecer es solo cuestión de organización y poco acceso a las distracciones: “Nosotros podríamos contar con tutores o profesores particulares, pero la realidad es que existen las librerías y muchísimas plataformas educativas, tanto gratuitas como pagas, por lo que entre libros y computadoras, suplimos todas las necesidades académicas. También hacemos visitas a museos, lugares históricos y recurrimos a familiares y amigos que saben sobre determinados temas. En la práctica hay momentos en los que coincidimos todos en la mesa del comedor, otros en los que algunos leen en el living y otros salen al parque… No tenemos un lugar fijo ni una manera estática para estudiar. Seguimos una pedagogía y unos lineamientos pero creemos en la flexibilidad a la hora de aprender. Si, es cierto que los chicos no tienen playstation y en casa no hay televisión. Solo contamos con una computadora de escritorio, dos notebooks y dos tablets y se usan solo para lo que tiene que ver con el aprendizaje, lo cual incluye juegos didácticos. Para entretenimientos con pantallas elegimos momentos determinados en la semana para ver películas o alguna serie que nos guste. Pero lo que más disfrutamos hacer para divertirnos a diario es conversar, jugar y pasear. Tenemos cumpleaños a montones, visitamos a familiares y amigos y organizamos muchas salidas al aire libre. Ellos también salen con sus amigos así que no hay mucho tiempo para perder. Celulares solo a partir de los 15, así que Josefina es la única que tiene y su acceso a la tecnología ya es libre porque adquirió lo que nosotros llamamos un “criterio de relevancia”. Hasta tanto ese criterio no se desarolle en cada uno, los adultos acompañamos y regulamos el uso de la tecnología.

Hoy Gisela habla como toda una experta, pero llegar a esta seguridad le tomó años de investigación, pruebas y errores: “Para que a otras mamás el camino se les haga más sencillo y se puedan nutrir con toda nuestra experiencia es que creé el programa Mare Verum, una plataforma que consta de planes de estudios desde los 3 hasta los 17 años. También hay asesoría pedagógica y la posibilidad de certificar los estudios mediante un convenio con un colegio de Estados Unidos, todo a un precio súper accesible. Hoy estamos felices con el camino elegido y definitivamente recomendamos este estilo de vida. Educar sin escuela es un estilo de vida. Y si bien implica un gran esfuerzo, nos sentimos compensados viendo a nuestros hijos. Ellos son chicos muy autónomos que toman las decisiones en su vida: cuándo leer, en qué momento estudiar y cuándo salir a jugar. Son muy tranquilos no les gusta los ruidos fuertes, ni el bochinche. Les encanta conversar y a diferencia de lo que se piensa, son súper sociables, se relacionan con las personas desde otros lugares”, cierra orgullosa.

Si querés conocer casos de unscholing, hacé click aquí para acceder a la segunda parte de esta nota.