Un policía de 36 años se suicidó hace dos semanas con su arma reglamentaria y el uniforme puesto, dentro de su auto y frente a su casa, en la localidad bonaerense de Presidente Derqui. El parte urgente, caratulado “suicidio”, dice que lo encontraron sus compañeros de la Unidad de Prevención de Policía Local de Pilar, adonde no se había presentado a trabajar. Su caso engrosa una estadística dura, de la que se habla poco y nada: en el último lustro se suicidaron en promedio 30 agentes por año en la Policía Bonaerensela fuerza de Seguridad más numerosa del país y una de las mayores de Sudamérica.

Según datos oficiales de la fuerza –que hoy tiene 90.800 efectivos–, los suicidios fueron al menos 39 en 2016; 30 en 2017, 31 en 2018, 32 en 2019; y 18 en 2020. La cifra está muy por encima de lo que ocurre en la población civil. Según los últimos datos de la Dirección de Estadística e Información de Salud (DEIS) del Ministerio de Salud de la Nación, en 2018 hubo en la provincia de Buenos Aires siete suicidios cada 100.000 habitantes (1.170 casos, de una población de 17.196.396 estimada por el Indec para ese año). Mientras que en la Bonaerense –que ese año tenía unos 93.000 efectivos– se suicidaron 31 (33 cada 100.000).

Consultado para esta nota, el subjefe de la fuerza, comisario general Jorge Figini, admite que el tema los preocupa. Explica que son más los policías que se suicidan que aquellos caídos en acto de servicio o fallecidos en accidentes de tránsito. “Son datos que nunca podremos llevar a cero, pero debemos trabajar fuertemente para reducirlos a cifras lo más acotadas posibles”, dice Figini. 

El patrón general se da con el arma reglamentaria y cuando los agentes que llegan a este desenlace están de franco. En segundo lugar están los casos ocurridos después de cometer un crimen. Por ejemplo, un femicidiocomo pasó en marzo en General Madariaga, donde un policía de la Delegación Departamental de Investigaciones de Pinamar se disparó después de asesinar a balazos a una mujer. O en Pehuajó, donde en mayo un efectivo de la Policía Científica se suicidó tras matar a su novia y a su hermano.

Graciela Noemí Funes, la víctima de Franco Mauricio Torres. Luego, el policía se suicidó

Graciela Noemí Funes, la víctima de Franco Mauricio Torres. Luego, el policía se suicidó

 

“SOS UN PEDAZO DE CARNE” 

“Mientras sigamos tratándonos como meros números, como jerarquías, sin humanizarnos en la tarea, van a seguir apareciendo los Martín pegándose un tiro en la boca”, dice un policía de 45 años al conocer el caso de su compañero de Presidente Derqui. Su comentario resume el sentir de muchos en este universo semi cerrado (predominan las parejas entre policías), regido por jornadas laborales sin fin, sueldos bajos y la vulnerabilidad de convivir con un arma de fuego. Y donde no hay demasiado margen para lo emocional. Ni antes ni después de los hechos

“Cuando un compañero se suicida o si lo matan delante tuyo, vos tenés que seguir como si nada, no hay ni un día para procesar eso”, dice otro oficial, de 34 años, con siete de trabajo en comisarías del Gran Buenos Aires. Dice que el suicidio hacia dentro de la Policía “es un tabú”, y enumera tres víctimas que conoció: un subteniente que estaba muy endeudado; un perito en balística cercano a retirarse; y el caso dramático de una joven oficial que se disparó en la cabeza delante de la comisión policial (que él integraba) que acudió a contener la emergencia, alertada por sus familiares, en su casa de Berisso. 

Vivís mal dormido y comido, sometido por la institución y por la sociedad. No sos una persona. Sos un pedazo de carne –dice el mismo efectivo–. Sumale frustraciones de pareja o deudas, que muchas veces son para pagar adicciones, en general a la cocaína. Entonces, el arma te puede poner entre la debilidad de ‘hacerte cartón’ [en la jerga, significa colgar el uniforme y el arma, y pasar a cumplir tareas administrativas] y la tentación de tomar otra decisión irreversible”. 

Tres compañeros de mi promoción de la escuela Vucetich se suicidaron con su arma cuando tenían entre 18 y 21 años”, recuerda entre lágrimas una subcomisaria con 20 años de antigüedad. «Sonia, una chica callada, del interior, había agotado las instancias para que la dejaran trabajar cerca de su casa, pero la mandaron al Conurbano. Estaba embarazada y se disparó en la panza a la vuelta de la Jefatura departamental de Azul. Matías, un chico increíble, uno de los mejores promedios y el amigo que cualquiera quisiera tener, se suicidó en La Plata. Era muy autoexigente y su novia lo había dejado. Dejó tres cartas”. Su tercer ejemplo es el de un joven de Mar del Plata, hijo de un alto funcionario policial, que se suicidó después de sobrevivir a un choque.

LA SALUD MENTAL EN LA BONAERENSE 

En agosto de 1979, a mitad de la dictadura, una circular de la Bonaerense se abocaba a “medidas prevenir y evitar los suicidios”. En el primer semestre de ese año se contaban ocho suicidios y dos tentativas (la fuerza tenía entonces 35.000 efectivos). El 57% de los casos se asociaba a problemas familiares, el 29% a alcoholismo y el 14% a “trastornos mentales”, según un Gabinete Psicotécnico creado un año antes, justamente ante la preocupación por este tema.

Cuatro décadas después, la institución considera al suicidio “un flagelo que es la primera causa de muerte evitable en nuestro personal”. Así surge de un informe interno de la fuerza -al que accedió BORDER- fechado el 31 de marzo, al cumplirse un año de la creación de un Centro de Atención Telefónico de Apoyo Psicológico para evacuar consultas del personal policial en la coyuntura de la pandemia. 

Este call center fue una de las estrategias del gobierno provincial para contener a esta enorme población de trabajadores esenciales, de los más expuestos al virus. Tiene base en La Plata, lo atiende un equipo de psicólogos de distintas Superintendencias del Ministerio de Seguridad, y lo dirige un comisario mayor y psiquiatra, Sebastián Laborde. Al principio recibieron miles de consultas sobre hisopados, normas de bioseguridad, protocolos de aislamiento y temores por la pandemia. Pero también intervinieron ante consultas por temas laborales, duelos, tentativas de suicidio y suicidios, como el doloroso caso de un policía de Berazategui que presenció el suicidio de su hijo, con su arma reglamentaria, la última Navidad. 

El informe remarca la gran baja de 2020 (los casos pasaron de 32 a 18), justo cuando la angustia fue generalizada en la sociedad. Y la asocia a este nuevo espacio de escucha confidencial al que apuesta la gestión. “Comenzamos a ponernos más empáticos con nuestra gente”, señala, aunque admite que falta estudiar “el comportamiento de estos valores en el tiempo”. En tres meses y medio de 2021 ya hubo al menos ocho suicidios

[La línea de atención para apoyo psicológico para personal policial es el 0221-4293000].

 

Además:

Retrasos en la vacuna AstraZeneca, ¿es posible envasarla en Argentina?

Villa Epecuén, historia de la ciudad en ruinas donde tocará la banda del Indio Solari

Costa Salguero: la justicia porteña declaró inconstitucional la venta de los terrenos