El martes pasado, los Estados Unidos de América celebraron las midterms, las elecciones de medio término que funcionan como una especie de referéndum para el gobierno de turno, donde se eligen representantes de la cámara alta y baja del país, además de la mayoría de gobernaciones del país.

Aún es difícil definir qué partido controlará la Cámara de Representantes y el Senado, pero hay algo cierto: la ola roja republicana no sucedió y eso es un alivio para los demócratas con dos años de gobierno por delante y de cara a las presidenciales del 2024, aunque su situación sigue siendo crítica.

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Actualmente, la Cámara de Representantes tiene mayoría Demócrata y en el Senado un empate que beneficiaba al oficialismo, gracias al voto extra de la vicepresidenta, Kamala Harris. Las proyecciones de los principales medios mostraban un batacazo republicano que daría vuelta estos dos escenarios que habían quedado establecidos en las últimas elecciones presidenciales.

Lo cierto es que estos comicios fueron igual de ajustados que los vividos en el enfrentamiento entre Joe Biden y Donald Trump en el 2020. Los resultados finales van a estar en los próximos días y de acuerdo al conteo actual ningún partido logró la mayoría en las cámaras.

Por el lado del Senado, que tiene un total de 100 bancas, 36 de los demócratas y 29 de los republicanos no se renuevan en esta elección de medio término. Hasta el momento, los republicanos obtuvieron 20 bancas nuevas y los demócratas 12, por lo que las 3 bancas que quedan en juego definirán el dominio en la cámara. Además, la banca de Georgia se definirá en segunda vuelta, lo que agrega suspenso a la definición.

La Cámara Baja se renueva por completo y los últimos datos conocidos dejan en la delantera a los republicanos con 208 representantes, a 10 de arrebatar la mayoría a los demócratas, que hasta el momento contarían con 185 escaños. Así, quedarían 42 bancas por definirse que son claves para marcar la agenda de gobierno en los próximos años.

Los principales candidatos impulsados por Donald Trump, como Doug Mastriano (candidato a gobernador por Pensilvania) o Mehmet Oz (candidato a senador), perdieron sus comicios, al igual que los candidatos de extrema derecha que apoyó en Massachusetts, Maryland e Illinois. Pero la noche negra para Trump no termina ahí.

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Ron DeSantis ganó nuevamen te la gobernación de Florida y de una forma contundente. Esto lo impulsa como el principal candidato opositor al expresidente en las internas republicanas. Con esta victoria categórica en su Estado, DeSantis pone en peligro las ilusiones de Trump por llegar a un segundo mandato en la Casa Blanca.

En resumen, todavía quedan votos que contar y bancas que definir, pero los dos grandes perdedores fueron, sin dudas, Joe Biden y Donald Trump. El primero muestra una debilidad pocas veces vista en la presidencia de los Estados Unidos, lo que lo hace responsable de estar a nada de perder la Cámara de Representantes y a un paso de perder o empatar el poder en el Senado. Inevitablemente, la agenda demócrata se verá afectada y hará crecer la incertidumbre por la postulación a la reelección del actual presidente.

Por su parte, Donald Trump mostró fallas en su lectura política. La mayoría de sus candidatos no prosperaron y gran parte de la población demostró que no simpatiza con los candidatos más extremos; Estados Unidos parece buscar figuras algo más moderadas después de los sucedido en la toma del Capitolio. A su vez, en estas elecciones le apareció el primer obstáculo interno, el candidato que promete arrebatarle su ilusión y el que no obstaculizará llegar a las presidenciales.

 

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