Hace casi un año estalló a nivel mundial la crisis del Covid-19, llevando a varios países a tomar medidas excepcionales para evitar la propagación del virus, como el confinamiento de sus poblaciones. La principal consecuencia fue la paralización de la economía mundial. Esta crisis sanitaria se convirtió entonces en económica y provocó que el valor bursátil de las empresas cayera un tercio en apenas un mes.

A fin de proteger a las empresas y a los particulares de las consecuencias de este seísmo, varios gobiernos han optado por intervenir a gran escala lanzando planes de apoyo sin precedentes con el apoyo de los bancos centrales para facilitar su financiación. Estas medidas se complementaron posteriormente con planes de recuperación económica y con el lanzamiento de campañas de vacunación contra el coronavirus, que traían la promesa de la vuelta a la vida normal. Esto ha permitido a los mercados bursátiles mundiales olvidar sus pérdidas iniciales e incluso superar sus niveles anteriores a la pandemia, con un repunte promedio del 76% en todo el mundo desde su punto más bajo en 2020, alcanzado el 23 de marzo.

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Tras esta espectacular subida económica y bursátil, se plantea ahora la cuestión de qué hacer a continuación. En concreto, ¿qué impacto tendrá el conjunto de medidas anunciadas sobre los precios? Si los precios suben demasiado o la economía se sobrecalienta, ¿cuál será la actitud de los bancos centrales, que han mantenido los tipos de interés en niveles extremadamente bajos durante muchos años para sostener una actividad ralentizada desde la crisis de 2008? ¿Qué consecuencias puede tener todo esto en la bolsa?

Tal como están las cosas, se advierten dos escenarios principales. El primero es el clásico en el que la economía produce sus propios antídotos contra los riesgos de recalentamiento: una subida de los tipos de interés que actúa como freno al crecimiento y al aumento de los precios.

Voluntad política

Existe un segundo escenario. ¿No podemos considerar que «esta vez es diferente» porque la voluntad de los poderes públicos se ha convertido en algo sin precedentes? En Estados Unidos, donde se acaba de votar un histórico plan de respaldo de 1.900.000 millones de dólares, ¿no estamos al borde de un régimen de crecimiento impulsado por un gasto público muy elevado?

Aunque es difícil de concebir en la actualidad, esta perspectiva que depende totalmente de la voluntad política no puede descartarse por completo. Además de la situación actual, al menos al otro lado del Atlántico, recuerda más al boom del gasto público de finales de la década de 1960 que a la breve recuperación de 2016.

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En el mercado de valores, además de gestionar esta incertidumbre mediante una solución clásica de diversificación, se puede considerar otro enfoque: invertir al mismo tiempo en activos financieros con perfiles de riesgo opuestos. En el contexto actual, se trata de mantener, por un lado, valores cuya actividad esté muy correlacionada con la situación económica y, por otro, títulos de empresas que ofrezcan un alto grado de visibilidad sobre sus resultados, así como simple liquidez, para amortiguar el riesgo de una posible desaceleración de la economía. Una estrategia de gestión del riesgo que se ve recompensada en períodos como el que estamos viviendo.