Me explicaron que allá en Doha, donde se celebra el mundial, están todos a full. Que no sólo tienen que trabajar un montón los 90 minutos del partido de Argentina y comentar algún otro de los importantes, sino que -además- tienen que hacer notas en la calle, recorridas por mercados persas, excursiones con camellos y todo lo que se pueda para amortizar los pasajes. En pocas palabras, que están muy ocupados.
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Es por eso que a pesar de que yo no sé nada de deportes, me encargaron una nota para publicar antes del partido con Polonia. Me pidieron algo así como un análisis sobre lo que tiene que hacer la Selección Argentina para clasificarse para la próxima ronda del Mundial de Qatar 2022. “Algo que juegue con la expectativa de la gente antes del próximo partido”, me indicaron. En el acto me puse a trabajar.
“El categórico triunfo ante México -escribí- no sólo nos da la tranquilidad de saber que a partir de ahora sólo dependemos de nuestra destreza para seguir en el Mundial, sino que -además- nos acerca un pasito más a la ansiada clasificación. Pero si realmente queremos levantar la copa, a partir de los cuartos de final tenemos que ganar o ganar. No podemos empatar ni especular con los resultados de los otros partidos: hay que hacer goles. Pero no se trata de cualquier tipo de gol. Tienen que ser goles en el arco contrario ya que esos son los únicos que sirven para ganar”.
Imprimí ese primer párrafo y fui a ver al editor de deportes. Como no soy del palo (suelo escribir más sobre política) le llevé estas primeras líneas para que me confirmara que venía bien. Me paré a sus espaldas con el papel en la mano. Luego di medio pasito para el costado para que me viera. El muchacho estaba tipeando sobre la laptop un poco encorvado y a pesar de que los rulos le cerraban un tanto su ángulo visual no podía no sentir que yo estaba ahí. Imposible. Hay un radar, algo químico, Manes diría que un neurotransmisor activado que te avisa si tenés a alguien a 30 centímetros, aún si estás durmiendo. Pero no se daba vuelta.
Así que esperé. Podía haber carraspeado o incluso mencionado su nombre para hacerle saber que yo estaba ahí. Pero preferí esperar y establecer una guerra fría telepática. Es muy incómodo tener a un tipo detrás tuyo mirando por sobre el monitor de tu computadora. Así que esperé, en algún momento iba a moverse, acomodarse los rulos o hacer algo que le cambie el ángulo de su rostro y le hiciera imposible seguir fingiendo.
Finalmente lo leyó.
- Está bueno, me dijo. Pero le cambiaría un poco el final, eso de los tipos de goles.
- Dale. Ningún problema, le respondí.
Antes de que vaya me tiró una recomendación. Me dijo que lo que realmente le interesaba ahora a la gente era la posibilidad de que Argentina clasifique o no. Ese era el punto a trabajar. Y que por eso nada mejor que incorporar a la nota algunos cálculos de probabilidad. Me propuso que especule los distintos escenarios posibles de acuerdo a los resultados de los otros partidos y eso.
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Me la complicó porque además de no saber de fútbol soy pésimo en matemáticas. Igual escribí: “De acuerdo a los números duros tenemos 3,125 % de posibilidades de levantar la Copa. La Albiceleste así como los otros 32 equipos tienen la misma posibilidad numérica de salir campeón. Esos son los números fríos al día de hoy en el que todos los seleccionados siguen en carrera. Descansará en la agudeza de Messi con los botines y en el acompañamiento de los otros diez legionarios la posibilidad de que la Scaloneta llegue, en Qatar, a tocar las estrellas con la pelota mundialista”.
Doblete. Había metido en un sólo párrafo las palabras “albiceleste” y “scaloneta” y eso me hizo sentir seguro. Cuando terminé el texto el editor con el que venía hablando ya había concluido su turno y en su lugar había otro periodista afroamericano que nunca antes había visto. Cuando me acerqué y le dije que tenía una nota para entregar tardó en responder. Igual no tenía nada que decir porque nadie le había avisado nada. Él no se iba a hacer cargo, así que me pidió que lo hablara con Scannapieco.
La nota salió a los dos días cuando Argentina ya estaba clasificada. Fue mi debut y despedida en el periodismo deportivo. Una especialidad que en el inicio de sus carrera abrazaron Alejandro Fantino, Víctor Hugo, Marcelo Tinelli, Alfredo Leuco, Nelson Castro, Mauro Viale y Bernardo Neustadt. Fue el sólido cimiento sobre el que ellos levantaron sus rutilantes éxitos en el periodismo y la comunicación. Eso es el periodismo deportivo en la República Argentina. Un trampolín al que, en definitiva, no sabemos si agradecerle o echarle la culpa.
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