El precio del petróleo cayó un 30% en cinco meses. La oferta aumenta más rápido que la demanda, por la lentísima recuperación de la economía global. La OPEP lo debatirá el jueves. Hay un fuerte lobby contra el shale. ¿Por qué Arabia Saudita podría ser el enemigo menos pensado de la Argentina? Todos los detalles, en esta nota de #BorderPeriodismo.

Por Javier Alvarez

La caída del precio del petróleo y las expectativas negativas a futuro sobre el crudo abrieron un panorama incierto para las inversiones en Vaca Muerta, la mayor esperanza energética de la Argentina y Sudamérica.

Los interrogantes se abren aquí porque el país necesita un incremento monumental en las inversiones para tornar productiva y rentable a su inexplorada reserva de shale o hidrocarburos no convencionales.

Lo necesita la Argentina para reducir un déficit energético que año a año se lleva unos 10.000 millones de dólares (más del 30% de las actuales reservas internacionales del Banco Central) y presiona al tipo de cambio.

Tomas Hess, director de Asuntos Públicos de Exxon Mobil, destacó recientemente el potencial de Vaca Muerta. Dijo que le plantea un futuro promisorio a la Argentina, pero alertó sobre los altos costos de explorar esa reserva en el corto plazo.

La estatal YPF, mientras, lleva más de 245 pozos perforados en el yacimiento patagónico y tiene 21 equipos de perforación activos para el desarrollo y explotación de recursos no convencionales. Está a la vanguardia mundial.

La inversión proyectada en Vaca Muerta supera los 1.000 millones de dólares en los primeros cinco años. Pero los expertos estiman que el yacimiento necesita unas 15 veces esa cifra para poder producir, exportar y ser rentable.

La OPEP, en tanto, mantendrá este jueves en Viena su reunión más importante de los últimos años. La caída de los precios del crudo reanimó las disputas entre los partidarios de un recorte de producción y los defensores del statu quo.

El precio del barril parecía estabilizado en los últimos tres años en torno a los 100 dólares, pero el aumento de la extracción de petróleo de esquisto en Estados Unidos cambió el juego: cayó un tercio el valor desde junio.

El precio del barril de Brent del Mar del Norte en Londres, principal barómetro del mercado petrolero, se desplomó hasta los 77,92 dólares el 13 de noviembre. Se trata de una baja 32% en apenas cinco meses.

Sencillamente, la fuerte caída del precio del oro negro refleja los importantes cambios estructurales que se están produciendo en el mercado del petróleo, en una fase en la que la oferta crece más rápido que la demanda por la recesión global.

El recalculo de la cotización amenaza incluso al boom del petróleo de esquisio estadounidense, que claramente ha cambiado los equilibrios del mercado mundial de crudo, al cual el CEO de YPF, Miguel Galuccio, pone especial atención.

Lo ocurrido en las últimas semanas con el valor del oro negro frena el entusiasmo de las empresas petroleras para explotarlo. Y eso impacta fundamentalmente en las iniciativas de shale como Vaca Muerta, debido a su elevado costo de exploración y producción respecto del petróleo tradicional.

El experto Chris Lafakis, de Moodys Analytics, aseguró a agencias internacionales de noticias que las inversiones en esta clase de proyectos hidrocarburíferos se vería seriamente comprometidas si los precios cayeran hasta los 65 dólares el barril y se mantuvieran allí.

Sobre ese escenario, los ministros de los doce Estados miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) se reunirán el jueves en la capital austriaca par revisar techo colectivo de producción.

El pico de producción fijado por la OPEP hace tres años se ubicó en 30 millones de barriles diarios, que representan casi un tercio del crudo extraído a diario en todo el mundo.

Los países miembro de la OPEP son Arabia Saudita, Irak, Kuwait, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Venezuela, Nigeria, Angola, Argelia, Libia, Catar y Ecuador. Otros, como Sudán, México, Noruega, Rusia, Kazajistán, Omán y Egipto, son observadores.

Galuccio y el Gobierno tendrán especial atención en esta cumbre. Principalmente por las fuertes sospechas de que Arabia Saudita es en realidad favorable a la caída de los precios para intentar frenar la producción de petróleo de esquisto estadounidense, una industria que necesita precios altos para ser rentable.