Ser madre en Ucrania: el día a día con sus hijos en un país en guerra

Desde Kiev, una madre de dos varones nos cuenta cómo es el día a día con sus hijos, y la difícil tarea de resguardarlos del horror en plena invasión rusa.
Ucrania
Créditos: Ucrania
Por: Laura Gentile

Todos los días mis hijos chequean con sus amigos que todos estén vivos”. Darina Tkachencko vive en Kiev, la capital de Ucrania, con su marido ecuatoriano y sus dos hijos, de 11 y 16 años, quienes casi no volvieron a salir de su edificio desde que comenzaron los ataques de las tropas rusas, el 24 de febrero. Ella es ucraniana, experta en educación internacional y habla perfecto castellano después de pasar ocho años en Argentina. “Al escribir entiendo que suena intenso, pero es así”, afirma. Con Darina nos comunicamos por whatsapp. En el momento que comenzamos la charla me avisa que están en alerta máxima con bombardeos.

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Darina vive cerca de donde se levanta la antena de TV derribada días atrás por misiles rusos, dejando un saldo de 5 muertos. Ella y su marido se salvaron por minutos. Es que en ese momento estaban volviendo de conseguir unos remedios para sus padres (en una de las salidas que realizan durante el día cuando no suenan las alarmas), vieron que en un mercado vendían pan (sólo dos por persona) y retrasaron la vuelta para comprarlo. Así se salvaron de morir.

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Le pregunto cómo es afrontar todo esto como madre, teniendo que contener a sus hijos, calmarlos, cuidarlos, acompañarlos en el encierro.

“Mis hijos siguen su vida -relata-, hacen deberes, leen, ven algo o juegan por la compu. No salen bajo ninguna condición. Comen racionado, actúan rápido y operativo cuando hay alerta, cuando escuchamos bombardeos o disparos”. Darina lo cuenta todo como si fuese una rutina de lo más normal.

“El mayor muy rara vez sale de día con las perras -continúa-, pero sin alejarse del edificio. Mis perritas aprendieron a ir al baño dos veces al día y no tres. Se tuvieron que adaptar también ellas, ya no paseamos tarde por el toque de queda, de noche es muy feo pasear, ya que todos desconfían de todos”.

Su relato es tan conciso y directo que resulta extraño leerla imaginando lo que la rodea. ¿Y qué te dicen ellos? ¿No se quejan? ¿No hablan del miedo?

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“No -responde-, es su realidad, los niños se adaptan a la realidad que viven, es natural. Hay que hablar con ellos como con adultos sin voz de payaso ni cuentos de hadas. Por ejemplo el mayor ve imágenes de soldados muertos, tiene acceso a redes sociales El menor no, esa es la diferencia entre ellos”.

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A diferencia de otros chicos de su edad, sus hijos toman clases en una escuela a distancia desde antes de la pandemia ya que Darina y su marido viajan mucho. “Ahora siguen haciendo trabajos on line en la plataforma de la escuela. Pero desde la guerra abierta las clases están bloqueadas. Los trabajos subidos antes están disponibles y yo les digo que sigan haciéndolos. Que lean, especialmente historia, para que algo como esto no pase nunca más”.

El mayor este año debía terminar el colegio e ingresar a la universidad o incorporarse a la empresa familiar, “estábamos en esas decisiones -relata-. El menor tenía que viajar de gira, pertenece a un grupo de baile y por el Covid no pudo el año pasado, ahora la guerra. Tuvieron que ser adultos rápido. Cuando salimos le pedimos al mayor ser responsable de la vida del menor. Hace tres años el mayor le salvó la vida al menor, en un río”.

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Ser madre en Ucrania

¿Y qué es lo más duro de todo lo que tenés que enfrentar como madre? “Saber que pueden morir sin realizar sus sueños”. Darina nota el silencio del otro lado y ella misma sale al rescate. “Es nuestra realidad, no hay tiempo para llorar. Si entra a mi casa el enemigo ya tengo pensado cómo defiendo a mis hijos. Mis hijos deben sobrevivir. Queremos que Ucrania reviva después de la masacre. Tanta destrucción tantos niños muertos, 9 niños nacidos en el subterráneo, la vida sigue”.

Antes de despedirnos Darina dice que no piensa en su propia vida, “pero sí quiero que mis hijos sobrevivan. Y si lo hacen que sea sólo en Ucrania libre. Si no es libre entonces que crezcan y luchen hasta morir por ella. Ucrania merece a mis hijos, merece ser libre. Mis hijos merecen ser libres”.

 

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