Martín Guzmán resiste en una Argentina frenada y un statu quo exasperante

La sensación del aparente freno de mano puesto en la gestión pública tiene su máxima expresión en Economía: motivos y análisis de por qué el exinvestigador de Columbia ya es el ministro inaugural en su área que más tiempo conservó el cargo desde el retorno de la democracia.
Martín Guzmán, ministro de Economía, dio detalles del acuerdo alcanzado con el FMI
Créditos: Martín Guzmán, ministro de Economía, dio detalles del acuerdo alcanzado con el FMI
Por: Santiago Sourigues

El gobierno del dúo Alberto Fernández-Cristina Fernández llegó al poder producto del fracaso rotundo de la gestión de Cambiemos en materia económica. Mauricio Macri tomó una deuda de 44 mil millones de dólares con el FMI, el talón de Aquiles de la administración actual, producto de los descalabros de su antecesora y su propia incapacidad de resolverlos. Antagónicos en su plataforma electoral, ambos gobiernos parecen representar una continuidad en al menos dos aspectos: el modus operandi del «marcha atrás crónico» y la consecuente militancia del empate hegemónico de Portantiero y Di Tella. Un exponente de ello, quizás, sea la enigmática figura de Martín Guzmán: convocado por el Presidente como un académico, convertido en un equilibrista del poder y la política, lo cierto es que, con el entendible atenuante de la crisis de la pandemia y la dificultad de reestructurar el préstamo más caro en la historia del FMI, el exinvestigador de la Universidad de Columbia no logró en 45 meses de gestión revertir una situación a todas luces crítica. Otra justificación que puede tener el economista es no haber sido desde el comienzo de la gestión, en la práctica, el único responsable del área, tal como precisa el periodista Diego Genoud, autor de «El peronismo de Cristina» en diálogo con #BORDER: «Guzmán se insertó en un esquema de política económica que tenia cuatro o cinco cabezas: Matías Kulfas, Cecilia Todesca, Miguel Pesce y Mercedes Marco del Pont«.

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Sin embargo, Genoud recuerda que «cuando el dólar se fue a $185 en 2020», Alberto Fernández decidió que Guzmán sí tuviera un papel de mayor relevancia en un esquema aún esquizoide. En cualquier caso, a enero de 2022, el niño mimado de Joseph Stigitz ya es el ministro de Economía inaugural de mayor permanencia en su cargo desde el retorno de la democracia. ¿Cuál es la explicación? En contacto con este medio, el politólogo Andrés Malamud atribuye esta «anomalía histórica» a tres factores: «El equilibrio interno del gobierno, que no permite muchas alternativas«; la «personalidad serena» del funcionario, «que no irrita a sus interlocutores ni a la opinión pública; y «su misión inconclusa: la renegociación de la deuda». Por su parte, Genoud coincide con Malamud y agrega otra posible explicación: «Creo que Guzmán sigue ahí porque el Presidente lo sostiene, porque todavía tiene pendiente el acuerdo con el Fondo y porque los sectores del Frente de Todos que lo cuestionan no se ponen de acuerdo en encontrar un reemplazante«. Aún así, Guzmán no es el de antes. Casi el único punto de acuerdo entre las tres patas del Frente de Todos (Cristina, Alberto y Massa) hasta, por lo menos, la exitosa reestructuración de la deuda con los acreedores privados, el 2021 encuentra al licenciado platense parado en otro lugar desde la consideración de pate de la coalición gobernante. Genoud lo explica así: «En 2021, Guzmán choco con La Cámpora y, sobre todo, perdió parte del apoyo irrestricto que Cristina le había dado durante la negociación de la deuda«.

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El ministro supervisa todos los días la negociación con el FMI.

Esta militancia del empate hegemónico, o del «freno de mano» puesto -que Macri también sostuvo hasta por lo menos el catastrófico resultado electoral de las PASO 2019- y que Guzmán parece encarnar como pocas figuras, es para Genoud «producto de la dificultad de un cuadro económico que no ofrece salidas virtuosas tan nítidas (tampoco acordar con el Fondo va a ser la panacea) y de la falta de claridad y las diferencias en el FDT». Por otro lado, el cronista concluye que Guzmán llegó al cargo «a último momento como la variante menos ortodoxa de las que tenía Alberto, (…) pero una vez en el gobierno apareció como demasiado fiscalista, obsesivo del equilibrio macro y partidario del ajuste para parte» de la coalición gobernante.

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Historiador y autor de «La moneda en el aire» junto con su colega Pablo Gerchunoff, Roy Hora asocia la permanencia en el cargo de Guzmán a «su capacidad para navegar las aguas turbulentas de la coalición gobernante». Y agrega en una conversación con este medio que «en el marco de una administración poco articulada, y cuyos actores se mueven con objetivos diversos, ha logrado ser aceptado, o al menos tolerado, por los principales accionistas del Frente de Todos». Incluso, el doctor en historia moderna por la Universidad de Oxford, le resalta otra virtud al simpatizante de Gimnasia de La Plata: «Una de sus virtudes es la flexibilidad. Ha sido capaz de negociar, e incluso de retroceder, cuando enfrentó desafíos demasiado grandes; incluso al costo de cierta humillación personal (como el conflicto por la actualización de las tarifas, con Federico Bernal, que mostró que era capaz de subordinarse ante un subordinado)».

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Asimismo, el también investigador del Conicet considera que la negociación con el FMI está «mal encaminada», y que Guzmán «va a ser recordado como un equilibrista». «No veo que se pueda ganar un lugar entre los ministros que disfrutaron del calor popular que otorga una primavera de crecimiento. Guzmán lo sabe, pero como sabe que es joven y que en el futuro puede tener otras oportunidades, no lo veo muy dispuesto a quemar los pocos cartuchos que tiene en la recámara». Para Roy, a pesar de no haber tenido «grandes éxitos en su gestión», el ministro de Economía «ha logrado aventar los pronósticos más catastróficos», en una Argentina malacostumbrada a sus desorbitantes valores inflacionarios (50,1% en 2021) y al naturalizado deterioro social, con una indigencia que promedia los dos dígitos. En otras palabras, un status quo que ya se ha tornado exasperante, y que ni unos ni otros supieron, pudieron o quisieron modificar (Raúl Alfonsín dixit).

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